martes, 26 de febrero de 2008

Ante la campaña de represión contra SUNTRACS y FRENADESO

CAMPAÑA REGIONAL CONTRA LA FLEXIBILIDAD LABORAL

COMUNICADO DE PRENSA

La falta de normas que garanticen real y eficazmente la seguridad en la construcción, ha convertido esta industria en una trampa de muerte para los obreros panameños. Esto es constatado en las estadísticas de mortalidad en dicho sector, que en los últimos cinco años ha cobrado la vida de 95 trabajadores.

Ante esta situación el Sindicato Único Nacional de Trabajadores de la Industria de la Construcción y Similares (SUNTRACS) viene desarrollando una legítima lucha porque se establezca un Reglamento de Seguridad en la Construcción, contra el alto costo de la vida y por un aumento general de salarios.

Estas genuinas exigencias de los trabajadores panameños gozan del respaldo de diversas organizaciones en todo el país, entre docentes, campesinos, indígenas, estudiantes, organizaciones comunitarias y defensores de los derechos humanos.

Tales reivindicaciones han encontrado por respuesta de parte de las autoridades del Gobierno de Panamá, una feroz represión de la protesta social signada por hechos de brutalidad policial suscitados el día martes 12 de febrero, que terminaron con la vida del dirigente obrero Al Iromi Smith de un disparo a quema ropa por la espalda por unidades policiales. Estos quedaron registrados en las imágenes de los despachos noticiosos que dieron la vuelta al mundo; siendo el tercero en ocho meses, junto a Osvaldo Lorenzo y Luiyi Argüelles.

De cara a estos hechos las 63 organizaciones centroamericanas que conformamos la Campaña Regional Contra la Flexibilidad Laboral, de la cual SUNTRACS y FRENADESO son parte, expresamos a la opinión pública nacional e internacional nuestra más profunda preocupación por el clima de inseguridad al que se viene sometiendo a la clase trabajadora panameña. Los hechos referidos anteriormente representan una violación a los derechos humanos y sindicales, lo que demanda la solidaridad y el acompañamiento de toda la comunidad internacional.

La Campaña Regional Contra la Flexibilidad Laboral mantendrá una actitud vigilante y de seguimiento, respaldando la solicitud de SUNTRACS ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para que el gobierno panameño implemente inmediatas medidas cautelares al compañero Saúl Mendez y sus familiares, situación que amerita se extienda al resto del Comité Ejecutivo del SUNTRACS, dado el clima de arrestos ilegales, de criminalización y penalización de la protesta social y las labores sindicales, imperantes en Panamá.

Asimismo la Campaña manifiesta el total respaldo a las demandas contenidas en el Pliego de Peticiones de SUNTRACS y FRENADESO, presentado al gobierno de Panamá en agosto de 2007.

Por todo lo anterior, nuestra Campaña demanda lo siguiente:

Que se realicen investigaciones inmediatas, exhaustivas y eficaces sobre los asesinatos y violaciones a la integridad física de los dirigentes sindicales, que logren identificar a los responsables para aplicarles las sanciones penales correspondientes y que dichos actos no queden en la impunidad.

Que el Estado Panameño adopte y respete las medidas necesarias para proteger los derechos humanos y laborales y en especial a estos dirigentes sindicales en su labor de defensa de Derechos Humanos y los proteja de cualquier otro acto que pretenda atentar contra los mismos.

En la medida que el gobierno ignore las demandas de los trabajadores de la construcción, la Campaña adoptará todas las acciones pertinentes de solidaridad internacional, sin descartar el apoyo a SUNTRACS, para la presentación de una demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado panameño.

Dado en la Ciudad de Panamá a los 26 días del mes de febrero de 2008.

lunes, 18 de febrero de 2008

La Libertad de Elegir de Milton Friedman ¿existe un sistema de libertades?

Ivan Claros|Asociación de Estudiantes de Economía Alternativa

Renunciar a la libertad es renunciar a la calidad del hombre,

a los derechos de la Humanidad, incluso a sus deberes.

No hay recompensa posible para aquel que renuncia a todo

Juan Jacobo Rousseau

Desde el surgimiento de la economía moderna hasta nuestros días, una disyuntiva central entorno a la cual a girado gran parte del debate teórico económico y la lucha ideológica y política, ha sido la relación antónima entre Estado y mercado.

Una postura muy reconocida y prestigiada a favor del mercado en los últimos 30 años ha sido la del economista Milton Friedman, quien posee una de las más importantes obras de la escuela neoclásica, donde se encuentran de manera clara los fundamentos teóricos de esta doctrina post modernista y post liberal.

El libro, titulado con el sugestivo nombre de “Libertad de Elegir”, es un ataque con toda alevosía hacia el socialismo y esboza la tesis básica de los liberales: que cuando se intenta regular el mercado, lo que se obtiene es un desastre. Por eso se intenta demostrar como una economía de libre mercado en contra posición a la intervención del Estado, es la mejor alternativa para la sociedad.

Para Friedman, la economía de libre mercado o libertad económica es parte del sistema de libertades, que esta compuesto además por las libertades políticas. Es mas “la libertad económica es un requisito fundamental de la libertad política”[1], lo cual tiene sentido en otro contexto, pero no bajo la lógica liberal. El argumento que subyace bajo este planteamiento es que se evite la concentración de poder, pero haciendo referencia únicamente al político, ya que “la libertad económica reduce el área sobre la que se ejerce el poder político”[2] o en su defecto compensa cualquier concentración de poder político. Lo se que omite intencionalmente es que la libertad económica también produce concentración de poder, que en este caso se da en las grandes empresas, es decir el mercado debe someter a la política y por tanto al Estado.

Esta es una cuestión que muestra el enredo en el que cae Friedman y que lo lleva a plantear algunas veces de manera inocente y otras de manera cínica la naturaleza del sistema que defiende y promueve. Tal es así que, para él, la combinación de poder económico y político en las mismas manos es una formula segura para llegar a la tiranía.

Pero, ¿como es capaz de lanzar tal aseveración? Únicamente ignorando concientemente la realidad objetiva. Al poseer poder económico, las empresas pasan a controlar el Estado y por tanto adquieren el control político, es decir concentran en una sola mano ambos poderes. ¿Acaso no era así hace 40 años?, ¿Acaso no es así en la actualidad?

Entonces lo que existe en realidad bajo el supuesto sistema de libertades, no es la libertad de elegir, sino una tiranía, la tiranía del mercado o mas específicamente la tiranía de las empresas transnacionales. Por tanto no es casualidad que el primer capitulo de su libro y sobre el que se basa este ensayo, sea el poder del mercado, porque se refiere al poder de quienes ya sabemos.

El Salvador es un buen ejemplo, de lo que es la tiranía del gran capital, esto incluso independientemente de los diferentes modelos implementados. La clase dominante ósea el poder económico, ya sea bajo la forma de oligarquía cafetalera o de capital financiero siempre ha tenido el control del aparato del Estado, esto ha provocado tiranía como bien dice Friedman. En los setenta y ochenta se presentaba con rostro de dictadura militar, en los tiempos actuales, luego de los acuerdos de paz, que no rompieron tal situación, se manifiesta como democracia burguesa, aunque se siga prodigando en el discurso de los apologistas del mercado, que vivimos en un sistema de libertades.

Por otra parte, como ya hubo el atrevimiento de negar la existencia de libertades en una economía de mercado, es necesario analizar detenidamente que implica entonces la libertad y que implicaría entonces la libertad económica y la libertad política.

En tal sentido nos referiremos a la libertad como la realización plena de la condición humana[3]. Tal condición supone aspectos económicos y espirituales.

En cuanto a lo económico o material, la libertad planteada por Friedman, tiene a su base la mano invisible de Adam Smith, es decir que la búsqueda de alcanzar intereses individuales o el egoísmo personal, redundara en beneficio para la sociedad. El autor plantea además que el hallazgo clave de Adam Smith consistió en afirmar que todo intercambio voluntario genera beneficios para las dos partes y que mientras la cooperación sea estrictamente voluntaria, ningún intercambio se llevara acabo, a menos que ambas partes obtengan con ello un beneficio.[4]

Según Friedman, el mecanismo que realiza esta tarea sin necesidad de “dirección central” es el sistema de precios, que permite a las personas cooperar pacíficamente en una fase de sus vidas, mientras que en las demás, cada uno se dedica a sus propios asuntos.[5] Que el precio, la forma aparencial del valor de las mercancías, sea lo que dirija el intercambio, es natural desde el punto de vista neoliberal, ya que con ello se oculta el carácter social de dicha categoría y mucho mas importante aun, se oculta el origen de la ganancia y la explotación capitalista, para imponer el individualismo.

El intercambio en estos últimos tiempos, sea ha sofisticado, tomando gran efervescencia a través los tratados de libre comercio, vendidos como la gran oportunidad de obtener desarrollo para los países, por cuanto la libre movilidad de mercancías y de los propios capitales genera mayores niveles de prosperidad para todos. Lo cierto es que aquí se halla una primera limitante para la libertad económica, ya que la dichosa libertad es únicamente para las cosas, pero no para la gente, llegando al extremo de levantar muros para que no halla movilidad de personas. Con ello, la libertad es discriminatoria, por tanto no es libertad.

Otro argumento esgrimido a favor de la libertad económica, es que la posibilidad de coordinación mediante la cooperación voluntaria se basa en la proposición elemental, aunque ha sido negada muchas veces, de que en una transacción económica ambas partes se benefician cuando ambas partes transan en forma voluntaria e informada.[6]

Para refutar lo anterior solo tenemos que recurrir a las relaciones sociales de producción, es decir, a las relaciones entre trabajador y el patrono. El trabajador que solo posee su fuerza de trabajo, esta obligado a venderla al capitalista para poder subsistir. Bajo esta circunstancia el patrono impone sus condiciones de acuerdo a sus intereses, resultando que al trabajador se le paga incluso por debajo del valor de su fuerza de trabajo, que se le somete a malas condiciones laborales y a mecanismos de sobre explotación como la flexibilidad laboral. En otras palabras, en esta transacción económica, solo una de las partes – la poderosa económicamente – es la que sale beneficiada.

En este punto, de las relaciones de producción, es que el trabajo se vuelve deshumanizante, ya que el control total de los procesos productivos en el consumo de la fuerza de trabajo, por parte de la burguesía, perdiendo así la capacidad realizadora que lo caracteriza, transformándose en trabajo alienado. Por tanto, si es un trabajo que no contribuye a la realización de la condición humana, sino que por el contrario deshumaniza, es un trabajo que no es libre.

En el plano de la elección de lo que se desea consumir, la libertad también es solo apariencia. Solo se puede elegir si se posee el dinero necesario para comprar, por tanto aquellos que no lo tienen no son sujetos de libertad y aquellos que si lo tienen, poseen mas libertad de elegir en cuanto mas ostentan. Este seria la situación del quintil de mayores ingresos en el país, por el contrario, los de menores ingresos, o incluso los que viven en extrema pobreza como la gente del municipio de Torola en Morazán no son personas libres, es mas, el gobierno debe darles en concepto de subsidio para que puedan consumir, denotando así que el sistema de libertades que pregonan tanto los apologistas del mercado no es para todos.

Si de libre competencia se refiere, esta tampoco existe, por lo menos en lo que respecta a la gran empresa. Para competir se requiere de capacidad económica y capacidad técnica o de producción, que repercuta en la productividad, pero esta se encuentra limitada a un pequeño porcentaje de empresas, lo que imposibilita -además de otras trabas de tipo políticas- que otras entren a competir. Sumado a esto, se encuentra la tendencia natural de las empresas a coludir por el reparto de los mercados y el establecimiento de los precios. De lo anterior, en el país fácilmente se hallan ejemplos como la telefonía, la banca, la distribución de gasolina, etc.

Por cuanto se pueda decir que lo que ocurre, es que en el país no hay libertad tal cual la presenta Friedman, se debe entonces mencionar que la economía de El Salvador es catalogada como la segunda economía mas libre de América Latina y la décimo octava de una lista de 141 países según el Instituto Cato de Estados Unidos y el Instituto Fraser de Canadá.[7] Además El Salvador tiene un tamaño de gobierno favorable para esta evaluación ya que en este indicador obtuvo 9.3 puntos, lo que indica que la intervención estatal es mínima. Si esto no es libre mercado, entonces ¿Qué es?

En lo que respecta a la libertad política, tomando las ideas del mismo Friedman, pero bajo un concepto de libertad ético y social, si no hay libertad económica, tampoco hay libertad política. Y es que la libertad para este autor no tiene un sentido de conciencia, sino la libertad para ser competitivo y ésta última sería no sólo la base de la economía, sino la de la sociedad misma.[8]

Existen varios ángulos para analizar la seudo libertad política que genera el capitalismo y el neoliberalismo. Uno de estos ángulos básicos es la relación entre mercado y democracia.

Para autores como Atilio Borón[9] el neoliberalismo es incompatible con la democracia. Plantea que el mercado es una institución social y económica que tiene una lógica profunda e insanablemente antidemocrática. Es un espacio en el que se compran y venden mercancías. La democracia, por el contrario, es un sistema que le confiere a la ciudadanía un conjunto de derechos importantes en materia de salud, educación, seguridad social, recreación, que deben ser de acceso universal. Es decir, “des-mercantilizados.” Mercado y democracia se mueven según lógicas completamente contradictorias. Cuando hay más mercado, hay menos democracia. Más mercado implica, por ejemplo, privatizar todo el sistema educativo y eso significa que menos gente va a acceder a los distintos niveles de formación. Más mercado es convertir, como ha ocurrido en nuestros países, a la salud en mercancía. En la medida que se avanza en la mercantilización, la democracia va vaciándose de todo contenido.[10]

También en este ámbito se nos presenta la libertad de elegir a nuestros gobernantes, solo que como ya se dijo antes, esto se hace dentro del juego del sistema político burgués, donde el poder económico inclina la balanza a su favor, ya que son dueños de los medios de comunicación, gastan gran cantidad de recursos en sus campañas, contratan agitadores, regalan baratijas y hasta compran votos y voluntades. Con lo cual, la libertad es aprisionada y a la gente se le conduce a votar, no por el candidato que responde a sus intereses, - si acaso hay alguno - sino por el candidato de sus opresores. Esta situación se repite constantemente en El Salvador, donde se llega al caso de presidentes con una gran popularidad pero que son impopulares.

Dentro de la lógica burguesa, la democracia es un ritual donde se convoca al pueblo simplemente a participar en unos comicios donde su resultado no tiene ninguna importancia, porque de todas maneras van a gobernar la burguesía y sus aliados, nacionales e internacionales, a través de su control sobre los dispositivos de formación de la opinión pública y sus mecanismos de coerción e imposición. En este sentido, son democracias sin ciudadanos, porque el ciudadano es sujeto de derechos imprescriptibles.[11]

Aunque existen - como bien se dijo antes - muchos ángulos desde donde ver la libertad política, como el libre pensamiento, la libre expresión, etc. Uno en particular nos interesa, que es de reciente data y que guarda una enorme vinculación con lo económico.

Nos referimos a la forma en que se aplican todas las medidas que demanda el neoliberalismo. Como todas estas son impopulares, existe necesidad de utilizar mecanismo alternos para su implementación. Según Naomi Klein[12], Friedman fue uno de los primeros que comprendió esto, por eso fue atraído a la “doctrina del choque.”

Esta doctrina aconseja a los políticos aplicar de inmediato después de una crisis todas las medidas dolorosas o difíciles, antes que la gente pueda recuperarse, a lo cual llamo “tratamiento de choque económico” [13] , entonces ¿de que libertad estamos hablando? Si de lo que se trata es de manipular las mentes y los sentimientos de las personas para alcanzar objetivos económicos y políticos, entonces no estamos hablando de libertad.

Y es que, si el neoliberalismo genera condiciones de polarización, de exclusión y tensión social que son absolutamente incompatibles con el funcionamiento de un modelo democrático, por lo cual no son raras las protestas y las dificultades que ha habido en toda América Latina en los últimos tiempos, no es raro que desde los adoradores del mercado como Friedman, se den este tipo de iniciativas antidemocráticas.[14] Ya que esta doctrina solo se puede llevar a cabo a costa de debilitar la democracia, de desfigurarla por completo como ocurre hoy en América Latina.

Por ello, es que si democracia y mercado son antagónicos, las libertades políticas también lo son con las libertades económicas y por tanto el fabuloso sistema de libertades esbozado por Friedman y alabado por los neoliberales, no deja de ser una caricatura mas con la cual se pretende continuar enajenando las conciencias.

Una economía de libre mercado, no deja de ser una forma particular que reviste el capitalismo. La cuestión central no se encuentra en resolver la dislexia entre mercado y Estado, sino en como se transforman las relaciones sociales de producción capitalistas y como se acaba con el fetichismo de la mercancía, así mismo, como se avanza en la participación política de mujeres y hombres libres, realizados y convertidos en sujetos de su destino. Esa si es la mejor opción para la sociedad.



[1] Friedman Milton, Libertad de Elegir, Ediciones Orbis 1983, Pág. 17

[2] Ibíd.

[3] Montoya Aquiles, Para ser humanos necesitamos ser libres.

[4] Friedman Milton, Libertad de Elegir, Ediciones Orbis 1983, Pág. 16

[5] Beyer Harald, Selección de escritos económicos y políticos de Milton Friedman, Centro de Asuntos Públicos, Chile.

[6] Ibíd.

[7] La Prensa Grafica, 9 de junio de 2007.

[8] García Moisés, Enrique. ¿Libertad de Elegir? Hacia un Nuevo Liberalismo Económico

[9] Atilio Borón es el investigador principal del CONICET y Profesor titular de Teoría Política Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

[10] Fernando Arellano Ortiz, CRONICON, “Atilio Boron plantea alternativa al neoliberalismo” 07/09/2007

[11] Ibíd.

[12] Naomi Klein es periodista y autora del libro: The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism" (La doctrina del choque: El auge del capitalismo del desastre)

[13] Goodman Amy, Democracy Now. La Doctrina del Choque de Naomi Klein,

[14] Fernando Arellano Ortiz, CRONICON, “Atilio Boron plantea alternativa al neoliberalismo” 07/09/2007

miércoles, 13 de febrero de 2008

La crisis sistémica como oportunidad

Wim Dierckxsens|colaborador de ASEAL

Las declaraciones no dan campo a la duda. Fines de enero de 2008, en el Foro Económico Mundial de Davos (un pueblo en los Alpes de Suiza, donde se reúnen los más ricos del mundo), George Soros, un temido especulador internacional, aseguró que nos encontramos al final de la Era del Dólar, precisando que una ruptura sistémica pudiera estar cerca (Sean O’Grady, “Soros warns ‘systemic failure’ may be upon us”, enero 24 de 2008, www.deepjournal.com).


Asimismo, y de acuerdo con la conservadora y prestigiosa revista The Economist (26 de enero de 2008:11), estamos ante una recesión mundial. Las cifras lo confirman: sólo en las tres primeras semanas de 2008, el mercado bursátil perdió más de cinco billones de dólares en el mundo, cifra equivalente al 40 por ciento del PIB de Estados Unidos.
La economía neoliberal está creando el mayor desequilibrio de todos los tiempos, de alcance universal.


Estas cifras y crisis asustan e incluso espantarán mucho y también a muchos, pero ante los ojos de los sectores alternativos deben asumirse, además, como una oportunidad para el cambio: la inseguridad internacional crecerá hasta generalizarse, y el cuestionamiento al neoliberalismo será cada vez más abierto y masivo, hasta hacerse global. Frente a la crisis, no corresponde remendar el sistema; hay que reivindicar una conversión o transición hacia otra economía, en función de la vida de las mayorías y de la propia naturaleza.


Del Norte al Sur


Mientras amenaza una recesión en Occidente y sobre todo en Estados Unidos, repunta el crecimiento económico en los países emergentes. Ello pone de manifiesto que la vitalidad de la economía productiva se traslada hacia el Sur, en tanto que el estancamiento y el agotamiento de la economía productiva se revelan más que todo en el Norte. Ahí y sobre todo en Estados Unidos se vive desde hace décadas, a crédito, de la renta productiva del Sur. En el Foro Económico Mundial en Davos de enero de 2008, Cheng Siwei, vicepresidente del Comité Central del Partido Comunista de la República Popular China, puso en cierta forma el dedo en la llaga al afirmar: “Los asiáticos ahorramos hoy para gastar mañana, pero los americanos gastan hoy lo de mañana”.


El problema de Estados Unidos es que consume a crédito, financiado por el resto de los países. El total de la actual deuda norteamericana es mayor que la de todos los países del mundo juntos. Sólo a China le debe 1,4 billones de dólares. Son créditos que, en la más optimista de las proyecciones, serán pagados. Pero que en otro escenario más factible, una vez los acreedores pierdan la confianza y exijan el pago inmediato de sus acreencias, propiciarán una catástrofe: la caída libre del billete verde. No se sabe cuándo se producirá la pérdida generalizada del dólar; pero sabemos que tendrá lugar dentro de no mucho tiempo.

Como el dólar tiene las funciones de reserva internacional, además de ser respaldo para la mayoría de las monedas, pero, además, como esa moneda hace de medio internacional de pago, su caída libre significaría el fin del patrón dólar, conllevando una mundialización de la crisis. Ninguna moneda estaría a salvo. No es casual que el oro –cuya cotización en el solo año 2007 aumentó un 32 por ciento– vuelva a su papel de valor refugio. Desde 2002, su valor se ha quintuplicado, con tendencia a mil dólares la onza.


Los signos en esa dirección no dejan de aparecer. Los bancos centrales en el mundo entero hacen lo posible para evitar la caída libre del dólar. Desde agosto de 2007, los bancos centrales norteamericano, europeo, británico, suizo y japonés han inyectado a la economía centenares de miles de millones de dólares, sin conseguir restablecer la confianza. Desde la crisis inmobiliaria, los países del Sur han inyectado más de 69 mil millones de dólares para salvar los bancos del Norte (The Economist, 19 de enero de 2008:11).


Algunos de los principales establecimientos financieros –Citigroup y Merrill Lynch en Estados Unidos, Northern Rock en el Reino Unido, Swiss Re y UBS en Suiza, la Société Générale en Francia, etcétera– han acabado por reconocer pérdidas colosales y prevén depreciaciones suplementarias. Para limitar la brutal caída y hasta la bancarrota, varios de ellos han tenido que aceptar capitales provenientes de fondos soberanos controlados por potencias del Sur (China, Corea del Sur, Singapur, Taiwan) y petromonarquías (Ramonet Ignacio, Le Monde Diplomatique febrero de 2008). Así, Singapur, Kuwait y Corea del Sur inyectaron a mediados de enero de 2008 un total de 21 mil millones de dólares para salvar al Citigroup y Merrill Lynch.


Sin embargo, como los Estados Unidos persistirán en los próximos años con la solicitud de nuevos créditos para cubrir su déficit fiscal y en la balanza comercial, en esta ocasión por el orden de un trillón de dólares al año, la confianza en el billete verde será cada vez menor. Esta crisis marca, en términos de Ramonet (febrero de 2008), el fin de un modelo: el de 60 años de supremacía del dólar y de una economía basada en el consumo estadounidense. Su salida se halla en la capacidad de las economías asiáticas de relevar al motor norteamericano. En este sentido, la crisis constituye también oportunidad para el Sur. La manifestación del declive de la supremacía de Occidente presagia el desplazamiento próximo del centro de la economía-mundo de Estados Unidos a China o, más en general, del Norte hacia el Sur.


¿Cómo se manifiesta la crisis de hoy? Primero se derrumbó el mercado inmobiliario en Estados Unidos. Debido a una política crediticia irresponsable, más de tres millones de hogares norteamericanos
endeudados en unos 300 mil millones de dólares han tenido problemas para cubrir las obligaciones mensuales de sus hipotecas. El crédito se hizo más difícil y la demanda de casas bajó. Entre 2005 y 2007, la venta de viviendas nuevas en Estados Unidos se redujo en un 40 por ciento. A partir de la crisis hipotecaria, los propios bancos norteamericanos entraron en problemas. Citigroup, el mayor banco de Estados Unidos, reporta pérdidas por casi 10 mil millones de dólares en el sector hipotecario. Merril Lynch, gran banco de inversiones, reporta una pérdida de casi ocho mil millones de dólares. El Banco de América informa que prácticamente todas sus ganancias se esfumaron en el cuarto trimestre de 2007.

La crisis financiera también afectó a Europa. Bancos como Northern Rock en el Reino Unido, Swiss Re y UBS en Suiza, la Société Générale en Francia, etcétera, han tenido pérdidas colosales y prevén depreciaciones suplementarias. Ante la inseguridad, los consumidores se ponen nerviosos y retienen el dinero. Con ello disminuyen las ventas, afectando las ganancias de las empresas transnacionales. Con la baja –a menudo brusca– de las ganancias, el mercado bursátil en el mundo entero entra en crisis. En las tres primeras semanas de enero de 2008 se esfumaron más de cinco billones de dólares.

Las crisis especulativas son propias del neoliberalismo y se dan en el mundo entero. Las mismas se alternaron en la última década. La más reciente fue la hipotecaria. Cuando se presentó la crisis bursátil de 2000-2001, la Reserva Federal de Estados Unidos bajó las tasas de interés. Entre abril de 2000 y el 10 de septiembre de 2001 (o sea, un día antes de la caída de las Torres Gemelas), la caída media bursátil en el mundo fue del 32 por ciento, con un máximo del 73 en Japón y 65 en el sector de la Nueva Tecnología en Estados Unidos (Nasdaq). A partir de allí, entre 2001 y 2003, la tasa de interés en Estados Unidos bajó del 6 al 1 por ciento.


Al bajar las tasas de interés se presentó una mayor demanda de viviendas, superando la oferta. Los precios de los inmuebles se alzaron sin cesar. Por ello, el mercado inmobiliario se tornó en alternativa de especulación. Al crecer los precios de los inmuebles, hay mayor demanda de hipotecas, las cuales pueden ser empleadas para comprar una mejor casa, pero también para fomentar el consumo, que para 2007 representaba en Estados Unidos, como resultado de esta dinámica, el 72 por ciento del PIB, al tiempo que en el 2000 sólo era del 67 (Juan Francisco Martín Seco, “Davos se retracta”, Rebelión, febrero 3 de 2008).
Las hipotecas se otorgaban incluso a gente con escasa o ninguna capacidad de pago (los llamados ‘subprime’). El ‘boom’ hipotecario significó un aumento en la circulación de dinero frente a una productiva economía agónica.


De ahí que, con el aumento del consumo, no se haya fomentado la producción en Estados Unidos, creciendo, en su defecto, las importaciones, y con éstas la deuda externa. En un comienzo, al importar productos más baratos (provenientes sobre todo de China), la inflación no se hizo sentir. Pero transcurridos unos pocos años, se dio el efecto inflacionario. Para impedirlo y frenar una mayor inyección de dinero a la economía gringa, la Reserva Federal aumentó de nuevo las tasas de interés. En poco tiempo, tal tasa de interés creció del 1 al 5,25 por ciento. El efecto para la gente menos solvente (‘subprime’) fue de bomba: se hizo evidente la imposibilidad de cumplir con sus obligaciones mensuales.


La reacción bancaria llegó de inmediato: millones fueron desalojados de sus casas. Cuando los bancos se percataron de que más del 30 por ciento de los préstamos estaban ‘subprime’, también las propias instituciones financieras entraron en problemas. Muchas de las hipotecas dudosas fueron fraccionadas y combinadas con otros productos financieros para ‘asegurarlos’. Estos nuevos productos financieros fueron revendidos como seguros a otros bancos en el mundo entero. En esta forma, la crisis bancaria se globaliza, estallando en cualquier parte del orbe y afectando incluso a los más grandes del mundo.


El miedo cundió. Los bancos desconfiaban y no se prestaban entre sí. Nadie confiaba en nadie. Para evitar que los bancos y el sistema financiero internacional colapsaran, los bancos centrales de las principales potencias, como prestamistas de última instancia, desde agosto de 2007 han inyectado miles y miles de millones de dólares al sistema financiero. A la vez, la Reserva Federal bajó nuevamente las tasas de interés y se dieron millonarias facilidades fiscales para ayudar a los capitales más grandes.


Pero aquellas maniobras, en vez de atacar la causa del problema, actúan como aceite sobre el incendio. Si tratan de revertir la recesión reanimando el mercado al bajar las tasas de interés, alentarán la inflación y la caída del dólar, lo que terminará por traer más recesión. Si en cambio buscan frenar la inflación enfriando la economía, al alzar las tasas de interés pueden profundizar la recesión: un callejón sin salida. El primer camino que actualmente se recorre significa posponer el colapso que se dará de todos modos y de manera más impactante. Es imposible saber cuántos cientos de miles de millones de euros y dólares han puesto las autoridades monetarias al servicio de los grandes especuladores del mundo para que sigan jugando a su ruleta especulativa. En todo caso, han sido tantos que ya es imposible que puedan disimular lo que significa liberalismo: intervención para proteger a los más fuertes, y desregulación para los débiles (Juan Torres López, “Los liberales se ponen en marcha: intervención masiva en los mercados”, Rebelión, enero 26 de 2008).


La crisis inmobiliaria no sólo significó una reducción en la actividad constructiva –que se traduce en desempleo– sino además la reducción de las posibilidades de crédito para la población en general, lo que multiplica su incapacidad de pago. Debido a la cada vez más grave crisis inmobiliaria, así como a la desaceleración del empleo, para la segunda mitad de 2007 el crecimiento de las rentas totales reales de los hogares, que habían aumentado a una tasa anual aproximada del 4,4 por ciento entre 2005 y 2006, ahora se sitúan casi en cero. En otras palabras, si se suma el ingreso real disponible de los hogares, los préstamos obtenidos por la refinanciación de las hipotecas, los préstamos al consumo y sus rentas de capital, el resultado es que el dinero del que pueden disponer los hogares, para gastar, ha dejado de crecer. Mucho antes que la crisis financiera estallara en verano, la expansión había dado ya sus últimos pasos.


El resultado inmediato de todo este proceso es uno solo: baja la confianza del consumidor. La gente, en vez de gastar a crédito, comienza a cuidar y atesorar su dinero. Así, disminuye el consumo y, por lógica, también las ventas. Los ingresos de las empresas, y con ello sus ganancias, se van a pique. El mercado bursátil entra en crisis en todo el mundo. Así lo confirma la mayoría de las bolsas de valores en todo el mundo, las cuales estaban, a tres semanas de 2008, a más del 20 por ciento de sus máximos históricos de octubre de 2007 (The Economist, enero 26 de 2008:11).


No hay futuro en el Norte


Ante esta avalancha, aflora una pregunta por doquier: ¿Se afectarían China y la India a partir de una fuerte recesión en Occidente? Para dar una respuesta, hay que mirar algunos indicadores: para el año 2002, las exportaciones asiáticas representaban el 44 por ciento de su PIB, y en 2005 ya eran el 55. Aunque el comercio intra-asiático ha crecido ostensiblemente, el 60 por ciento de sus exportaciones se dirige al mercado de los Estados Unidos, la UE y Japón. Con este grado de dependencia de las exportaciones a ‘Occidente’, será difícil que las economías asiáticas salgan ilesas de esta debacle. Otro tanto vale para las economías latinoamericanas, que, además de su vulnerabilidad, giran en la órbita de los Estados Unidos
(Amylkar D. Acosta Medina, “China will crash and burn along with the rest of us”, en Rebelión, enero 24 de 2008).


La actual crisis financiera internacional y la recesión mundial que amenaza a partir de ella ponen de manifiesto, sin embargo, que la vitalidad de la economía productiva se traslada, y así continuará sucediendo inevitablemente, hacia el Sur. La crisis internacional obligará a China y los países del Sur en general a una menor dependencia del mercado externo, es decir, obliga a un mayor desarrollo autocentrado. Con esta desconexión de la política de globalización, el Sur tendrá más posibilidades de reponerse de la crisis, al poder enfocar sus inversiones al sector productivo, en función de su propio desarrollo. Para el capital productivo ya no hay mayor fututo en el Norte. La sustitución cada vez más acelerada de la tecnología ha elevado los costos de innovación a tales niveles que no puede ser compensado por la reducción en el costo de mano de obra al introducir esa tecnología.


Pero este cambio no se dará sin una crisis política y de hegemonía profunda que muy seguramente implicará incluso conflictos internacionales. La democracia de Occidente está en peligro porque, como hemos visto en otros momentos de la historia lejana y reciente, la vía autoritaria y la guerra resultan ser la solución última para una “minoría de elegidos”. De ahí que una nueva amenaza de guerra en Oriente Medio se hace cada vez más concreta al agotarse las modalidades económicas de dominación. La amenaza de una ampliación de la guerra en esa área tiene más que ver más con China y Rusia que con el propio Irán.


La crisis, y con ella los ajustes, se acelera. “Estamos llegando a una fase de capitalismo autoritario”, afirma Robert Reich, ex asesor del presidente Clinton (Het superkapitalisme, 2007). El 17 de octubre de 2007, Bush, haciendo referencia a Irán, advirtió sobre una posible Tercera Guerra Mundial. John McCain, precandidato republicano de Estados Unidos, afirmó el pasado 29 de enero, en medio de su campaña electoral, que habrá más guerras. Recientemente, en el ambiente de una nueva guerra fría (enero pasado), tanto Estados Unidos como Rusia anunciaron la posibilidad del uso preventivo de un ataque nuclear. Este 4 de febrero, la Casa Blanca le pidió al Congreso que apruebe un presupuesto para el Departamento de Defensa por un monto de 515 miles de millones de dólares, lo cual significaría, tomando en cuenta la inflación, el presupuesto más elevado desde la Segunda Guerra Mundial. Las fuerzas marinas y de aviación rusas están en diferentes océanos, mostrando la seriedad de sus advertencias. En abril de 2008 habrá en Bucarest una reunión de la OTAN para analizar al tema de un posible ataque nuclear preventivo contra Irán.


Como vemos, es creciente el ascenso a los extremos. Las fichas se mueven. Estados Unidos, sin embargo, carece de la economía necesaria para una guerra de escala mundial. Para su realización, dependería de enormes créditos del exterior, e irónicamente de sus propios enemigos. En semejante coyuntura, puede darse la decisión internacional de dejar de prestarle a Estados Unidos, lo que significaría prácticamente la caída libre del dólar. La amenaza misma procura a la vez evitar tal medida. La concreción de la amenaza de una conflagración atómica internacional no se puede descartar, pero una ampliación tal de la guerra conduciría a la autodestrucción, no sólo en términos militares sino también en el plano económico. Lo anterior no hace imposible la guerra pero la hace menos probable, y en todo caso señala de antemano al gran perdedor: Estados Unidos.


En términos de Polanyi (La Gran Transición), a partir de una gran crisis económica y una guerra de alcance mundial en los años cuarenta del siglo pasado nació la conciencia de que la economía ha de enmarcarse en un complejo de otras relaciones sociales, que se basan en principios de solidaridad, democracia, justicia social y sostenibilidad ecológica.
Cada crisis es una oportunidad, y uno u otro la explotarán. La cuestión es la siguiente: ¿Será esta confusión un pretexto suficiente para que el capital llegue a las últimas consecuencias y pretenda salvarse? O bien, ¿será este último fracaso de los mercados no reglamentados el catalizador necesario para reivindicar en el mundo entero otra civilización?


La humanidad no solamente se halla ante una crisis sistémica. La crisis sistémica genera tal inseguridad en la escala global, que brinda la oportunidad para buscar la solución, además de que las presiones sociales forzarán en esta dirección. Así sucedió en tiempos de la crisis internacional de los años treinta, cuando la catástrofe se veía por todo lado: en medio del caos se multiplicó la lucha social por un cambio sistémico. Intelectuales como John Maynor Keynes plantearon entonces propuestas a la crisis, que hubieran podido acabar con la racionalidad misma, como la economía de ‘démurrage’. De nuevo se nos presenta ahora una oportunidad histórica para cambiar la propia racionalidad económica existente.


Con la introducción de una tasa de interés mundial cero es posible concebir una tasa de crecimiento cero. Tanto el interés positivo como el negativo representan un precio por el uso de dinero. La real diferencia es que en el primer caso acrecienta el dinero de quienes ya lo poseen, mientras en el segundo se les cobra a los poseedores por su uso. Tener fortuna deviene una condición gravosa y desincentiva la acumulación. La seguridad, en un sistema basado en intereses positivos, se fundamenta en la tenencia de dinero. En cambio, en un sistema de intereses negativos, la seguridad consiste en llegar a ser parte de una red de relaciones sociales. En otras palabras, el acento se pone en las relaciones humanas y no en la posesión de cosas. Fomenta el compartir, la reciprocidad y la circulación de bienestar.


Un generalizado interés negativo tiende a fomentar el consumo duradero. Si tenemos que escoger entre un producto con un valor de 20 que tiene una vida media útil de un año, o un producto que cumpla la misma función con un valor de 40 pero una vida media útil dos veces mayor, en una economía con intereses positivos se escogerá el primer producto, ya que se tiende a invertir el monto restante –de un valor 20– para obtener más dinero. En una economía de ‘demurrage’, que Keynes planteó como opción, se preferirá comprar el producto más duradero. Si la media de los productos se quintuplica, la rotación del capital baja un quinto y el dinero desembolsado para una inversión productiva madura con una quinta velocidad. En términos monetarios, la economía tiende a decrecer, aunque en términos de bienes duraderos trae mayor bienestar. El resultado sería un crecimiento negativo en términos monetarios, con un bienestar mayor. No existe posibilidad de ganancia en la economía de ‘démurrage’. Sería, en otras palabras, el fin del capitalismo.

viernes, 25 de enero de 2008

Estanflación global

Amylkar D. Acosta M.

"El aleteo de una mariposa se puede sentir
al otro lado del mundo
"
Proverbio chino

La globalización tiene sus ventajas y sus desventajas, una de estas es que las crisis cuando se presentan son sincronizadas y expansivas y nada ni nadie puede escapar a sus devastadores efectos. Hoy, más que nunca, las economías de los distintos países son interdependientes entre sí, pues son múltiples los vasos comunicantes y los conectores entre unas y otras, hasta hacer de todas ellas una sola economía global. En consecuencia, ningún país, por poderoso que sea, está en capacidad de sustraer su economía del resto del mundo. Precisamente por ello se suele hablar del "efecto mariposa", para aludir a la gran sensibilidad de los fundamentales de la economía de un país con respecto al comportamiento de ellos a nivel planetario. Decía el maestro Gianni Rodari, "lanza una piedra en un estanque y su efecto hará que en dicho estanque se produzcan enormes cambios, desde su superficie hasta las profundidades”. Esta es la esencia de la teoría del caos de Edward Lorenz. Con la economía ocurre algo semejante, cualquier turbulencia o inestabilidad inicial, por pequeña que sea, se transmite de manera instantánea a todo el conjunto de la economía de las naciones, por más remoto que sea el escenario de la misma.

Y si la perturbación proviene de una economía con el peso de la estadounidense, considerada la principal locomotora de la economía global, como que representa el 25% del PIB mundial, resulta aún más difícil escapar a su impacto. Su capacidad de arrastre se ha visto menguado por la irrupción de las economías emergentes, muy especialmente de China e India, pero sigue teniendo un gran peso específico. Por ello, ahora que su economía se ha visto zarandeada por los vientos cruzados de la recesión y la inflación, el mundo entero se ha llevado las manos a la cabeza, presa de la preocupación y el pánico. Esta combinación incómoda de estancamiento del crecimiento y aumento en el nivel de precios es algo singular, una rareza, que se da muy esporádicamente. La estanflación, como se le conoce, es un anglicismo que denota una completa distorsión de los mercados difícil de lidiar, que coloca a las autoridades económicas y a la banca central ante una gran disyuntiva. La tensión entre dos objetivos antagónicos, controlar la inflación y galvanizar el crecimiento, pone a la banca central en una posición ´perder-perder´, ya sea con cara o sello, igual da. Tal y como lo manifestó el entonces ministro de Finanzas Británico en 1995, que fue quien acuñó el término, Ian Mcleod, "Ahora tenemos lo peor de ambos mundos: no sólo estancamiento por un lado sino inflación por otro". Este fenómeno se había presentado por última vez en los 70, cuando puso en aprietos a la Reserva Federal de los EEUU (FED) y desde entonces había consenso entre los economistas en que las posibilidades de que se repitiera eran muy remotas. Y no es para menos, ya que de acuerdo con la ortodoxia económica no debería darse nunca, porque las presiones inflacionarias surgen justamente cuando la economía se "recalienta" mucho y aumentan gastos e inversiones, el empleo, el ingreso y el poder adquisitivo de la población. Pero este no es el caso.

Hace más de año y medio se viene hablando sobre la desaceleración de la economía de los Estados Unidos y los temores por el advenimiento de una recesión en sus predios. Los Estados Unidos habían logrado lo que podría calificarse como prodigio, al sostener durante 16 trimestres consecutivos y de manera continua el crecimiento de su economía, concomitantemente con una gran estabilidad de precios y bajo empleo, cuando lo normal son sólo 12 o a la sumo 13 trimestres. En los últimos 25 años los EEUU sólo han experimentado dos recesiones, ambas fugaces y suaves. La de 1991 duró 8 meses, el PIB bajó 1.3% y el gasto de los consumidores cayó, lo que no ocurrió en la de 2001, que se prolongó por el mismo lapso, cuando sólo se desaceleró, mientras el PIB declinó sólo 0.4%. Pero, como afirma el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, "lo hecho por George W. Bush es similar o peor a lo realizado en materia económica por Herbert Hoover en la década de los años veinte del siglo XX, que llevó al peor ´crac´ en la historia del capitalismo". ¡Y esos polvos nos tenían que traer estos lodos!

A todas luces, estamos en presencia de una recesión en los Estados Unidos, esta vez más severa que las dos anteriores, cuya economía como la del resto de países del mundo se está viendo lastrada por los brotes inflacionarios, los cuales con la globalización dejaron de ser un asunto doméstico para convertirse en una variable independiente que hace rato se le salió de las manos a la autoridad monetaria. La inflación dejó de ser un fenómeno meramente monetario, como lo sostiene Milton Friedman, para verse influenciada por otros factores, entre ellos el geopolítico, que no se pueden ignorar a la hora de abordarla. Aunque el National Bureau Of Economis Research, quien tiene la última palabra a la hora de anunciar oficialmente si estamos en presencia de una recesión, aún no se ha pronunciado, son muchas las pruebas al canto que dan cuenta de ella. Aunque aún en ciernes, ya los estadounidenses se sienten agobiados por varios de sus signos y síntomas: la producción industrial decayó el año anterior y terminó con 0.23%, por debajo del mes de julio; el empleo, que venía creciendo a un ritmo de 115.000 empleos nuevos al mes languideció hasta concluir el mes de diciembre con 20.000; las ventas al por menor cayeron en el mes de diciembre y está por establecerse lo que pasó con los ingresos personales. Y Goldman Sachs, uno de los bancos de inversión más grande del mundo, nos ofrece la que podríamos considerar como prueba reina; según él en los últimos 60 años, cada vez que la desocupación sube 60 puntos básicos en EEUU la economía cae en recesión y, efectivamente, el paro pasó de 4.4% en marzo de 2007 a 5% en diciembre.

La situación se ha tornado más compleja, a consecuencia del contagio de la economía de los Estados Unidos de la ola alcista de precios que ronda a la economía global. Los precios de muchos productos, empezando por el crudo y los alimentos, están desfasados en el mundo entero, presionando fuertemente sobre el índice de precios al consumidor. Ello complica el manejo de la crisis; como lo explica el ya jubilado ex presidente de la FED, Alan Greenspan, "este es un entorno de política mucho más difícil de lo que yo haya experimentado" [1]. Y no es para menos, pues el riesgo de una mayor inflación limita la capacidad de respuesta de la FED ante la amenaza de una recesión; en ese sentido, la situación difiere de la recesión del 2001, cuando la economía se "enfrió". Ello preocupa a Wall Street, tanto más cuando les está tocando capear el temporal con el crudo rondando los US $100 el barril, contra US $30 de aquel entonces y con una inflación de 4.3 para noviembre, la más alta en 22 años, de 2007 contra 1.6% de 2001. La FED, en un desesperado esfuerzo por conjurar la recesión y reanimar la alicaída economía estadounidense, ha intervenido una y otra vez las tasas de interés de referencia de los fondos federales. El martes, 22 de enero, volvió a rebajarlas en tres cuartos de punto porcentual (0.75), el mayor recorte de tasas en un día desde 1982 , el primero que se decreta antes de la reunión programada desde el S-11 en 2001, cuando todo mundo esperaba un máximo de 0.50, pasando la tasa de referencia de 4.25%, en la que estaba después de un recorte de 0.5 en septiembre y 0.25 tanto en octubre como en diciembre del año anterior, a 3.5, su nivel más bajo desde septiembre de 2005 y por debajo de la inflación.

Ahora bien, las repercusiones de esta estanflación en la economía global dependerán de qué tanto puedan compensar las economías emergentes, particularmente de China e India, que han venido creciendo a tasas que oscilan entre 7.5% y 10% en las últimas dos décadas, puedan compensar la ralentización de la economía estadounidense. La duda estriba en la capacidad de las economías asiáticas para "desacoplarse" de la locomotora estadounidense y seguir su propia marcha, a contrapelo de la descaecida economía de los EEUU, ocupando su lugar, relevándola como motor de la economía mundial. Hay quienes conjeturan que ello es posible, basado en el hecho de que el auge de los commodities, estimulado principalmente por la demanda de los países asiáticos, ha perdurado a despecho de la caída de la demanda estadounidense como secuela de la desaceleración de su economía. Pero, está por verse hasta dónde el mercado interno de los países asiáticos puede suplir la contracción del mercado estadounidense.

Lo cierto es que las exportaciones asiáticas que representaban el 44% de su PIB en 2002, ya para el 2005 estaba en el 55% y, aunque el comercio intraasiático ha crecido ostensiblemente, el 60% de sus exportaciones va a parar al mercado de los EEUU, la UE y Japón. Así las cosas, les quedará asaz difícil salir ilesos de esta debacle tanto a las economías asiáticas, que tendrán que encajar el golpe, como las latinoamericanas, que, además de su gran vulnerabilidad, giran en la orbita de los EEUU. Y ésta en 2008, como afirma Stuart G. Hoffman, de PNC Financial "será como un gato en un techo de zinc caliente que ya usó seis de sus siete vidas". El gran interrogante es si la economía global descenderá lenta y suavemente, a medida que se despresuriza, o, por el contrario se precipita y se desploma, con todas sus consecuencias.

Riohacha, enero 23 de 2008

Nota

(1) El Tiempo. Enero, 4 de 2008

Amylkar D. Acosta M.
Ex presidente del Congreso de la República


http://alainet.org/active/21753〈=es

martes, 22 de enero de 2008

Los Acuerdos de Asociación Europeos.

Umberto Mazzei/ALAI America Latina en Movimiento.

Peter Mandelson, Comisario de Comercio de la Unión Europea (UE), hizo en diciembre una visita de dos días a Guatemala. Vino a reunirse con el Presidente electo Álvaro Colom, con empresarios de la región y con sus contrapartes centroamericanas que negocian el Acuerdo de Asociación (AA) de la Unión Europea y América Central.

Durante esa visita concedió una entrevista a Prensa Libre, que es reveladora. Afirma haber venido para apoyar el proceso de integración centroamericana, porque eso permitirá a la región competir a nivel global. Nos preguntamos si sabrá que la integración centroamericana es tan vieja como el Mercado Común Europeo (1958) y que el principal socio comercial de todos los países centroamericanos es el Mercado Común Centroamericano, donde venden productos de mayor valor agregado que los exportados fuera del área.

Mandelson fue claro al decir que la primera ronda no había sido sino “acercar a los equipos así como conocernos mutuamente”. También dijo que “fue importante para explorar las sensibilidades en ambos lados de la mesa y las posibilidades que tiene el Acuerdo…” Que las propuestas negociadoras tendrán lugar cuando en febrero se trabaje sobre textos, en Bruselas.

La experiencia ACP

La Unión Europea ha venido dando un acceso preferencial sin reciprocidad al grupo ACP (África-Caribe-Pacífico) de 79 países – antiguas colonias- que funcionaba sucesivamente bajo las convenciones de Lomé y Cotonou. Los países en desarrollo excluidos han protestado en la OMC ese trato discriminatorio y es seguro pedirán un panel al vencerse la última exención en 2007. La Unión Europea busca ahora una liberación recíproca bajo el manto de los acuerdos regionales de comercio, como los que usa Estados Unidos. Saber lo que va a proponer la Unión Europea a América Central es fácil. Basta con mirar las propuestas hechas a los países ACP y a el África.

La duda sobre la conveniencia de cambiar los acuerdos ACP de apertura asimétrica por otros de apertura mutua es justificada. Durante la vigencia de los sucesivos acuerdos heredados de la relación colonial la participación de los países ACP en el mercado europeo descendió, aunque con fluctuaciones haya subido a unos US$ 60 Millardos. En 1976 era un 6,7% y en 1999 apenas un 2,8% y del comercio europeo con los países en desarrollo bajo del 14,8% a un 4.1% en ese mismo período.

La estructura del comercio no ha variado desde la época colonial: la mayor parte de las exportaciones ACP son materias primas y productos primarios como pescado, café, cacao que pagan poco arancel en la UE (con excepción de muy pocos, como bananas) y eso explica el desplazamiento en el mercado. Las importaciones de Europa siguen siendo bienes industriales y servicios. Las exportaciones de la ACP hacia Europa son, además, desequilibradas: un tercio proviene de la próspera Sur-Africa y un quinto (petróleo y gas) de Nigeria.[1]



El proyecto de la Unión Europea era de dividir la ACP en seis grupos que gradualmente eliminasen obstáculos a las importaciones provenientes de la Unión Europea y entre ellos mismos. La propuesta encontró resistencia, en particular por lo que concierne a una apertura en Servicios, Propiedad Intelectual y a una relación subalterna – como en CAFTA- hacia las inversiones. Se debate si esos acuerdos de apertura mutua benefician a los países ACP y si en verdad son otra cosa que instrumentos de promoción de exportaciones europeas. La principal resistencia viene del África.

La negociación africana

Desde que es Comisario de Comercio (2005) el mantra de Mandelson es “poner el comercio al servicio del desarrollo” y suena como una enmienda de culpas coloniales. No es que sus palabras siembren mucha confianza. África recuerda que sus conquistadores europeos siempre llegaron con un acuerdo de comercio en el bolsillo. Algo de esa aprensión se percibió en las reuniones que tuvieron lugar -también en diciembre- entre negociadores europeos y africanos.

El nítido prototipo de acuerdo que proponía la Unión Europea a los grupos de integración regional africanos se desintegró – los grupos y las propuestas- para convertirse en un entreverado desorden. La cobertura de la propuesta europea tuvo que ser modificada y se propuso un acuerdo transitorio que excluye servicios e inversiones y cubre sólo bienes. Tampoco hubo aceptación neta. La UE busca ahora romper los grupos regionales creando subgrupos y negociando directamente con los gobiernos.

Una reacción previsible, porque los países africanos – al igual que los latinoamericanos - no tienen el mismo nivel de desarrollo, ni igual capacidad negociadora, ni los mismos intereses, ni la misma estructura económica o política. La única cosa que repiten bastante al unísono es la acusación de que la Unión Europea actúa sólo en beneficio de sus exportadores, acentuado por reglas de origen que exigen insumos europeos y que la liberación que exige ahora perjudica a las grandes mayorías pobres de África.

A fines de noviembre la Unión Europea logro firmar un acuerdo con cinco países del África oriental que recortaría el 82% de los aranceles a las exportaciones europeas, el 64% del resto en dos años y el total en 15 años, con pocas excepciones vulnerables. Según Oxfam en Bruselas- citada por el Financial Times[2]- “el enfoque europeo, en esencia, fuerza a los países de África oriental a escoger entre garantizar el mercado a sus productos agrícolas hoy o mantener un grado de protección para promover un crecimiento industrial en el futuro; que es el camino que han seguido todos los países desarrollados.”

Esa opinión sobre los Acuerdos de Asociación es compartida por otros grupos europeos que luchan por la equidad comercial y por otros países en desarrollo que ven como, con el pretexto de remediar la discriminación del convenio de Cotonou, se trata de excluirlos del mercado africano mediante un trato preferencial a productos europeos, sin discriminar siquiera si son subsidiados.

Una curiosa interpretación de la llamada cláusula de la Nación –Más-Favorecida (igual trato a todos) exige que se de a la UE el mismo trato que se de a cualquier otro país con quien se firme un acuerdo preferencial. Esa cláusula básica del GATT/OMC es la que se tolera que violen los acuerdos regionales en nombre de la expansión local del comercio. Con ese nuevo criterio, el progreso de la integración entre países africanos o con otros grupos en desarrollo asocia automáticamente a la Unión Europea.

Ninguno de los grupos de integración regional africanos ha suscrito en bloque. Aquellos que la UE ha logrado hacer firmar alguna de sus propuestas cortan una línea divisoria entre esos grupos; tal como los TLCs de Estados Unidos con países del Pacto Andino o ALADI. La negociación con la UE ha dividido a los países africanos en tres grupos: los que han firmado (18 ), los que se resisten (15 con Comunidad Económica de África Occidental y Sur África) y los indefinidos. Hay dos hechos: que entre quienes se resisten están Sur África y Nigeria, los principales socios comerciales y otro es que los acuerdos provisorios firmados no son iguales.

La mentira que no se ha dicho

Cuando Eduardo Smith - Prensa Libre- le pregunta a Mandelson que se hará con los subsidios europeos a la agricultura este le responde:” La mejor forma de lidiar con esto es por medio de las negociaciones en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Espero que en el primer trimestre del 2008 pueda haber algún acuerdo en este escenario”. Sabemos muy bien que no hay en la OMC alguna propuesta europea o estadounidense para eliminar los subsidios que ambos dan a sus productos agrícolas; las propuestas que han presentado son para mantenerlos.

La respuesta de Mandelson sobre los subsidios agrícolas es la misma respuesta que dieron los negociadores de Estados Unidos a Méjico, en NAFTA y a Centroamérica en CAFTA. Hace 14 años que el NAFTA entro en vigor, hay 2 millones de campesinos mejicanos desarraigados y en este 2008 desaparecen las limitaciones para exportar a Méjico productos agrícolas subsidiados. Desde 1994 los subsidios de Estados Unidos no bajaron, se duplicaron. Desde 1995 se negocia ese tema en la OMC, sin que se vea alguna intención de eliminarlos, pero si de que se quiere aumentar las exportaciones subsidiadas

Es cierto que – a diferencia de Estados Unidos - la Unión Europea tiene un programa de reducción de sus subsidios agrícolas. Pero es uno que aún le deja unos formidables US$43 Millardos con los que ningún agricultor de África o América Central puede competir.

Conclusión.

Si en América Central o los Andes los gobiernos quisiesen negociar con la Unión Europea y no sólo tomar su dictado – como ante Estados Unidos – es posible que lograsen acuerdos adaptados a su circunstancia local. La Unión Europea esta acostumbrada a conjugar la diversidad. Otra cosa es que las preferencias valgan la pena.

Fuente: Instituto de Relaciones Económicas Internacionales (IREI), Ginebra
Ventana Global www.ventanaglobal.info


[1] How Europe’s trade talks with poor former colonies became mired in mistrust; Financial Times, 12/12/2007

[2] Financial Times, ibidem.



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viernes, 11 de enero de 2008

Nuestro futuro por la borda

Oxfam

Oxfam publicó un informe sobre las consecuencias en los países del Sur de la implantación de los Tratados de Libre Comercio por parte de Estados Unidos y la Unión Europea, a continuación se expone el resumen de dicho informe

El sigiloso avance de los tratados de comercio e inversiones entre países ricos y pobres amenaza con negar a los países en desarrollo una posición favorable en la economía mundial.

Los países ricos, liderados por EEUU y la UE, están poniendo un empeño sin precedentes en lograr tratados de libre comercio regionales y bilaterales. Esto está ocurriendo lejos de la fanfarria de las cumbres mundiales y de la prensa internacional. Unos 25 países en desarrollo han firmado ya tratados de libre comercio con países desarrollados, y más de 100 están embarcados en negociaciones. Cada semana se firman como media dos acuerdos bilaterales de inversiones. Prácticamente ningún país, por pobre que sea, se ha quedado fuera.

Los países ricos están utilizando estos ‘tratados de libre comercio’ (TLC) y acuerdos sobre inversiones bilaterales y regionales para lograr concesiones que no son capaces de conseguir en la Organización Mundial del Comercio (OMC), donde los países en desarrollo pueden unirse y negociar unas reglas más favorables. EEUU llama a este enfoque ‘liberalización competitiva’ y la UE expresa su intención de utilizar los acuerdos bilaterales como ‘los peldaños hacia futuros acuerdos multilaterales’.(leer más)

sábado, 5 de enero de 2008

El mundo empieza a dar la espalda a un dólar débil.

Michel Porcheron
Rebelión
Traducido para Rebelión por Juan Vivanco

Ante un sistema bancario mundial al borde de la asfixia (1), el miércoles 12 de diciembre los diarios occidentales anunciaron que los bancos centrales de los principales países industrializados habían puesto en marcha una vasta operación conjunta en los mercados de crédito para tratar de calmar las tensiones crecientes creadas por la crisis de las famosas hipotecas de alto riesgo (subprimes).La Reserva Federal usamericana, el Banco Central Europeo (BCE), el Banco Nacional Suizo, el Banco de Inglaterra y el Banco de Canadá anunciaron una serie de medidas técnicas para inyectar liquidez —dinero fresco— en el sistema interbancario. Algo que no se había visto desde los atentados del 11 de septiembre de 2000, comentó el diario francés Le Monde (13 de diciembre).Pero sólo 24 horas después de que se anunciara esta inyección de unos 64.000 millones de dólares de liquidez suplementaria, la confusión persistía. La iniciativa no tuvo el efecto esperado en los mercados. Los mercados financieros temen sobre todo dos cosas: la desestabilización del sistema bancario mundial y la propagación de la crisis a la economía real (2). Bailan al son de la crisis de los ya insoslayables subprimes, los famosos créditos inmobiliarios otorgados en USA a hogares que se han declarado insolventes y han llevado a la quiebra a muchos bancos prestamistas. Cuando los expertos mencionan esta crisis hablan del efecto mariposa (efecto considerable originado por una crisis mínima o lejana) de los subprimes que recuerda, por si hiciera falta, los límites del voluntarismo político. (ver mas)