martes, 8 de septiembre de 2009

El Rumbo Economico y Politico en los Primeros 100 Dias del gobierno de Mauricio Funes.

Por: Asociación Solidaria de Economía Alternativa.

Luego de transcurridos 100 días del nuevo gobierno, creemos necesario hacer una breve valoración del rumbo político y económico que este ha tomado en este corto periodo de tiempo.
Nos parece necesario hacer este análisis, en primer lugar, por ser un gobierno en el cual se han depositado las esperanzas de cambio y mejores condiciones de vida por parte de la mayora de la población y en segundo lugar, porque fue un partido de izquierda el que gana las elecciones después de 20 años de gobiernos neoliberales de ARENA.

Pese a que existen opiniones que plantean que 100 días es un tiempo relativamente corto para evaluar una gestión, consideramos que esto seria correcto en el caso de evaluar resultados específicos, mas sin embargo, nuestro propósito no es este, porque seria un análisis simplista, en este sentido, el objetivo de este documento es evaluar el fondo o contenido del nuevo gobierno a partir de la orientación de las políticas y posturas planteadas, porque a través de estas se puede establecer el rumbo político y económico del gobierno de Mauricio Funes, lo cual en definitiva es lo importante para saber si es un gobierno que defiende los intereses del pueblo o no.

El FMLN gana las Elecciones y Mauricio Funes el Gobierno.

Para iniciar el análisis, es importante tener presente la forma en que Mauricio Funes llega al Poder Ejecutivo, porque esta situación ha sido transcendental para el desenvolvimiento de la nueva gestión y además, ayuda ha explicar muchas de las valoraciones que acá presentamos.

A nuestro juicio existen al menos 5 factores que posibilitaron que el FMLN ganara las elecciones y que Mauricio Funes llegara a la presidencia.

En primer lugar, la alianza política entre el FMLN y un sector de la burguesía o empresa privada del país, representada en los Amigos de Mauricio y la familia Salume. En segundo lugar, el agotamiento político de ARENA, después de 20 años de exitosa aplicación del modelo neoliberal, lo cual le ha provocado un desgaste considerable, incluso frente a sectores de derecha. El tercer factor, es la actual coyuntura de crisis económica en la que se encuentra el capitalismo global, es decir, tiene que ver con la situación de miseria, inseguridad y vulnerabilidad en que se encuentra el país después de aplicadas las políticas neoliberales. En cuarto lugar tenemos, que la correlación de fuerzas políticas fue favorable a un cambio de gobierno, correlación que incluyo a sectores de derecha partidaria como el CD y a parte de la derecha clasista como la familia Salume, que se sumaron a una especie de cruzada contra ARENA. Un quinto factor, fue el discurso de cambio sin cambio presentado por Mauricio Funes y el FMLN, este factor es evidente en las posturas de defensa del libre mercado y la propiedad privada planteadas por el candidato Funes, su distanciamiento de gobiernos de países que pudieran tener por lo menos “discursos radicales” como Venezuela, así como en el tímido programa de gobierno del FMLN.


Tres Niveles para Medir los Cambios

Para entender lo complejo de la realidad salvadoreña actual, hay que tener en cuenta que se encuentra estructurada en distintos niveles que ayudan a explicar su funcionamiento. Para comenzar hay que decir que en El Salvador predomina el Sistema Económico Capitalista, es decir, predomina la propiedad privada y la gran mayoría de salvadoreños y salvadoreñas somos explotados por unos pocos, aunque no lo sepamos, El sistema económico es la forma básica en que la sociedad se organiza para la producción y distribución de las cosas que los seres humanos necesitamos para vivir, esta organización esta basada en un poder económico, un poder jurídico, un poder político y un poder ideológico.

Por otra parte, el modelo económico es por así decirlo, el rostro particular que reviste el sistema económico, para nuestro caso, desde finales de los ochentas se viene aplicando por los distintos gobiernos de ARENA, el Modelo Neoliberal, el cual se refiere a las privatizaciones y al libre mercado.

Por ultimo tenemos la Estrategia Económica, que son las políticas con las cuales se implementa el modelo económico. En El Salvador la estrategia para impulsar el neoliberalismo han sido los tratados de libre comercio (TLC), la dolarización, los megaproyectos, entre otros.

Por estos tres niveles: el sistema, el modelo y la estrategia, pasan los verdaderos cambios en una sociedad, por lo cual también determinan el rumbo económico y político de un país y de un gobierno. Esta claro que un gobierno no puede cambiar el sistema económico, pero si puede implementar un determinado modelo y también puede impulsar una estrategia para ese modelo como lo ha hecho ARENA.

El gobierno de Funes ha sido claro en que respetara la propiedad privada, es decir, no pretende cambiar el sistema capitalista, ha planteado que “el mejor asignado de los recursos es el mercado” y que respetara las privatizaciones realizadas por ARENA, en otras palabras, que seguirá impulsando el modelo neoliberal. En cuanto al nivel más inferior, la estrategia económica podemos decir que tampoco se visualiza ningún signo que muestre alguna diferencia de la estrategia implementada por la derecha.

La Continuidad de la Estrategia Económica

La estrategia económica que desarrollo ARENA estuvo basada en la apertura comercial a través de los Tratados de Libre Comercio, como el CAFTA DR (TLC con Estados Unidos) con la que se constituyeron las grandes empresas importadoras, por lo cual se debilito la producción nacional, especialmente la agrícola y se fomento la migración hacia los Estados Unidos para que desde allá se enviaran remesas familiares, con ello la banca se convirtió en el sector mas poderoso del país.

Se dolarizo la economía y se elimino la política monetaria para favorecer a los sectores importadores con lo que se incremento la dependencia de los Estados Unidos.

La política fiscal estuvo orientada a disminuir o eliminar los impuestos a las empresas y a los mas ricos del país y ha incrementar y crear impuestos para los pobres. El gasto de los recursos del Estado se enfoco en beneficiar y por lo tanto enriquecer aun mas a los ricos, como es el caso de la compra de productos a las grandes empresas o la construcción de los megaproyectos.

Se diseño una serie de mega obras enmarcadas en el Plan Puebla Panamá (PPP), ahora llamado Iniciativa para Meso América, tales como la carretera longitudinal del norte, las Presas El Chaparral y El Cimarrón, el anillo periférico, el Puerto de Cutuco, la minería de oro y plata y la reactivación del ferrocarril. Todas estas, con el fin de crear mejores condiciones a las inversiones y a las grandes empresas para que pudieran obtener más ganancias.

De ninguna de estas medidas se ha desmarcado de manera clara el gobierno de Mauricio Funes y en muchos caso ni el partido FMLN, es mas, Funes ha sido tajante al afirmar que no revertirá la dolarización y los TLC, que no detendrá la construcción de la presa El Chaparral y ha profundizado la relación con Instituciones Financieras Internacionales como el FMI, el BM y el BID, promotoras del neoliberalismo y defensoras de los intereses de las grandes transnacionales.

El gobierno de Funes mantiene y profundiza las políticas paternalistas o de alivio de la pobreza como la Red Solidaria de ARENA, a la cual solo le cambio nombre, pero que no es sostenible en el tiempo y que no ataca las causas de la pobreza como es el desempleo y la distribución desigual de la riqueza.

Como respuesta a la difícil situación económica del país, impulsa el Plan Global Anticrisis, que además de ser limitado, no se aleja para nada de la estrategia ni del modelo neoliberal, causante de dicha crisis, ya que entre sus puntos se encuentra brindar $800 millones mas en ayuda financiera a los bancos y cerca de $280 millones a las empresas constructoras con el plan “Casa para Todos”, lo que en definitiva significa ayudar a los que se han enriquecido en los gobiernos de ARENA.

El hecho que no exista en estos primeros 100 días, ninguna señal de cambio en estas medidas, es importante de tomar en cuenta respecto al rumbo del actual gobierno, porque no se trata de cambiarlas de la noche a la mañana, se trata de enviar señales de voluntad política de revertir la estrategia, de tener posturas definidas que indiquen que aunque por el momento no se pueda avanzar hacia los cambios que se quieren, el objetivo estratégico es ese.

Por el contrario el gobierno de Mauricio Funes ha intentado presentar el cambio como una simple forma distinta de gobernar, por ello han dado enfusís publicitario a la entrega no partidaria de las semillas y abonos a los agricultores y hacer publicas irregularidades del gobierno anterior, pero sin proceder judicialmente. Además ha ampliado los programas sociales asistencialistas como el bono a la gente de la tercera edad, la dotación de uniformes, zapatos y útiles escolares, etc.

Especial mención merece el Consejo Económico y Social (CES) porque en apariencia parece una forma distinta de diseñar las políticas económicas y sociales del país, sin embargo, este tiene una gran limitante al no ser vinculante, y sobretodo porque es muy difícil creer que puedan haber consensos beneficiosos para el pueblo estando la burguesía presente con toda su maquinaria técnica y política. La participación de la burguesía en el consejo refuerza la posición conciliadora con los sectores responsables de la grave crisis económica, social, política y ambiental que vive el país.

También nos parece que el movimiento social salvadoreño no comienza ni termina con los representantes en el CES.

Las Señales Esperadas

Transcurrido 100 días de gobierno deberían de haber signos que indiquen una voluntad política de cambiar en un primer momento la estrategia económica, porque esto crearía las condiciones para cambios verdaderos en todos los ámbitos. Ciertamente el actual gobierno encontró al Estado al borde de la quiebra y bajo una de las mayores crisis económicas mundiales, pero por esta misma razón es imprescindible transformar la estructura económica salvadoreña.

Para enviar estas señales de cambio, el poco tiempo de gestión no es impedimento, mucho menos lo es, la correlación de fuerzas en la asamblea legislativa porque la estrategia económica no requiere de decretos legislativos, en todo caso la correlación de fuerzas que el gobierno debe buscar es con el pueblo, porque este, es el único que puede garantizar los apoyos necesarios para impulsar las medidas económicas y sociales.

Que buena parte de ARENA siga en el nuevo gobierno tampoco impide que se impulsen las políticas que el pueblo espera, porque al final de cuentas, es el presidente el que debe decidir y no los ministros o mandos medios, nuevamente esto nos lleva a la voluntad política.

Por otra parte, si en realidad este es un gobierno de transición y no un gobierno de cambio como han expresado dirigentes del FMLN, por lo cual se debe esperar hasta el próximo gobierno para hacer realidad las aspiraciones de la gente, ¿porque se vendió una idea de cambio sin cambio?, ¿porque plantearon que iba ser el gobierno del cambio si es un gobierno de transición?

El Verdadero Cambio

En definitiva, la disputa del gobierno parece estar ganándola la burguesía, mientras no hayan señales concretas el cambio será una simple ilusión. Casos como El Chaparral y la minería pueden comenzar a cambiar esta percepción, pero para ello, el gobierno de Funes debe romper con la lógica que ha venido prevaleciendo.

Los cambios verdaderos no son, que se entregue mas semilla mejorada a mas agricultores, sino que se les proporcione la capacidad de adquiridas por si mismos, y que esta actividad sea rentable, esto pasa por regular el mercado, por dotarlos de tierras y por transformar el viejo modelo agrícola.

El cambio debe expresarse entre otras cosas en una economía planificada, donde el mercado este regulado y al servicio de la sociedad; en una reforma fiscal, donde paguen mas impuestos los que tienen mas y donde el gasto publico vaya orientado hacia la clase pobre pero con un enfoque de desarrollo; en una economía donde los sectores estratégicos sean del Estado y se posea política monetaria y moneda propia; y donde las grandes obras tengan un beneficio social real y no un interés económico particular.

Solo de esta forma, el nuevo gobierno defenderá los intereses del pueblo, sino será otro gobierno más, que pasara a la historia por haber defraudado las esperanzas de todo un pueblo.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Tres ministerios diseñan un proyecto de la Ley de Economía Solidaria

ECUADOR
Mañana comenzarán consultas y talleres en todo el país para elaborar un proyecto de Ley de Economía Solidaria.Tras la vigencia de la nueva Constitución, el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) conjuntamente con el Ministerio Coordinador de la Política Económica, Ministerio Coordinador de Desarrollo Social, Senplades y las organizaciones de la sociedad civil impulsan una propuesta de ley.El artículo 283 de la Carta Magna dice que el sistema económico “es social y solidario” y reconoce al ser humano como sujeto. Además, “que se integrará por las formas de organización económica pública, privada, mixta, popular y solidaria y las demás que la Constitución determine. La Economía Popular y Solidaria (EPS) se regulará de acuerdo con la ley e incluirá a los sectores cooperativistas, asociativos y comunitarios”.La EPS “es un actor de generación de empleo y de ingreso que ha sido invisibilizado por las políticas públicas de los gobiernos de turno y considerado marginal y dedicado a la solución de pequeños problemas comunitarios”, establece un documento del MIES. En ese informe se agregó que solo el sector de la microempresa representa alrededor del 50% del empleo formal, sus ventas corresponden el 25,7% del Producto Interno Bruto (PIB).Mario Cadena, subdirector del Fondo Populorium Progressio (FEPP), explicó que esta iniciativa busca recoger información de los actores de la Economía Popular y Solidaria en los distintos ámbitos en los que se desarrolla, como el sector agrícola, lácteo, turismo, cooperativas de ahorro y crédito. Después de catorce semanas de análisis se podrá contar con un proyecto borrador de ley.El 9 de diciembre arrancarán estos talleres en Cuenca para Zamora y Loja; en Puyo para Pastaza y Napo; en Coca para Orellana y Sucumbíos. El 11 de diciembre se hará en Guayaquil para Los Ríos, Santa Elena y El Oro. En Ibarra se hará para Imbabura, Carchi y Esmeraldas. El costo de elaboración de la Ley de Economía Popular y Solidaria ascenderá a $ 65 mil, que se usarán en el equipo consultor, talleres y facilitadores, según el MIES.Otras fechasPara la provincia de Manabí, el taller se realizará el 12 de diciembre en la ciudad de Montecristi. Ese mismo día se desarrollará el evento para Chimborazo en Ambato. El 16 de diciembre, la charla será para las provincias de Santo Domingo de los Tsáchilas y Pichincha y se realizará en Quito.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Solo medidas No capitalistas tendrán éxito ante la crisis económica

"La crisis es del capitalismo, no es de un modelo de regulación y de los excesos financieros, sino del sistema, porque las burbujas especulativas son inherentes al capitalismo", así lo expresó economista argentino Claudio Katz.
Cualquier medida económica que se aplique en la región frente a la actual crisis financiera mundial, tendrá futuro sólo si se actúa dentro de un modelo no capitalista. "Es un momento de bisagra en la economía, en lo político y en el análisis internacional".Así lo expresó el economista argentino Claudio Katz al exponer su ponencia "Interpretaciones y controversias sobre la crisis financiera actual", durante el acto de "Respuestas del Sur a la crisis Económica Mundial" que se efectúa desde miércoles y hasta el 11 de octubre, en la Escuela Venezolana de Planificación, ubicada en La Rinconada.Al respecto, aseguró que el Socialismo del Siglo XXI es una iniciativa que debe ser estudiada como opción frente a la crisis que soporta el capitalismo global y puso como ejemplo el Alba y la nacionalización de los recursos naturales.Advirtió que se crearán otros instrumentos coyunturales como proteger las reservas, evitar la fuga de capitales. "Esta vez la crisis no viene de América Latina, sino desde Estados Unidos. Hay que analizar cómo impactará en la región". Sin embargó, advirtió que este impacto será desigual. "El Cono Sur está más autónomo ante la crisis".Katz calificó la reciente crisis financiera mundial como un acontecimiento histórico, ya que las mismas clases dominantes están asustadas y perplejas, “porque se les ha caído el muro de Berlín a ellos”.Argumentó que dentro de la coyuntura actual existe un gran colapso bancario y el típico reclamo de los financistas, dentro de un clima de gran indignación en Estados Unidos contra los bancos, porque se tiene conciencia del enorme costo fiscal que costará, aproximadamente 4% del PIB de ese país.Agregó que además se encuentra el efecto en la economía real como la recesión, el desempleo en un país que carece de una red de protección social. El economista también recordó que la crisis se globaliza y que Europa no brinda respuestas porque está procesando su propia política de altas tasas de interés.Destacó que para adentrarse a la actual crisis se deben buscar analogías para saber el devenir. Una comparación es la crisis bursátil de 1987 y 1991, la cual aseguró que no es válida debido a que en ese momento no se cayeron los bancos y el consumo se había recuperado. Otras comparaciones como la depresión profunda que sufrió Japón en los años 90, tampoco es válida ya que no fue una crisis mundial.Declive ideológico del neoliberalismo:En el plano ideológico, Katz aseguró que ha sido un duro golpe, para la creencia en la preeminencia del mercado. "Esta crisis marca el declive ideológico del neoliberalismo", aseguró.Alegó que el problema no son los banqueros y especuladores, sino la provocación de un modelo económico compartido por las grandes corporaciones y por la élite de la clase dominante mundial."La crisis es del capitalismo, no es de un modelo de regulación y de los excesos financieros, sino del sistema porque las burbujas especulativas son inherentes al capitalismo, así como el desempleo y la quiebra de bancos".Enfatizó que la cara más nefasta de este sistema está a la luz pública y cómo golpea a las mayorías populares en el mundo. "Es una oportunidad para recuperar la tradición marxista de análisis de la crisis, caracterizándola como una crisis del capitalismo".

Lecciones del colapso de Wall Street


James Petras
Global Research

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

El actual colapso del mercado bursátil y la pérdida de cientos de miles de millones de dólares, gestados por los bancos inversores de Wall Street, ilustran las trampas y peligros del capitalismo de libre mercado a que se enfrenta toda la población trabajadora de los Estados Unidos.

La bancarrota inminente de la Seguridad Social: El intento de hace tres años de la Casa Blanca y de destacados congresistas republicanos y demócratas de “privatizar” la Seguridad Social –volcando esencialmente en Wall Street la administración e inversión de miles de millones de dólares de fondos de la Seguridad Social-, con el argumento de que los inversores privados obtendrían mayores ganancias, habría llevado a la bancarrota de toda la financiación de la Seguridad Social. La privatización habría permitido que los bancos de inversiones privadas más importantes apalancaran y especularan incluso con los instrumentos financieros de más alto riesgo, con los desastrosos resultados que estamos presenciando en estos momentos. Aunque los fondos privados de pensiones se han ido a pique, la Seguridad Social sigue en pie. Son las pensiones privadas las que están en bancarrota, no los fondos de la Seguridad social administrados públicamente, contrariamente a las opiniones de expertos y críticos de la Seguridad Social. La actual debacle privada sirve, claramente, para defender el control y la administración públicos de los programas de pensiones.

Todos los fondos privados importantes de pensiones para empleados públicos y privados, incluyendo TIAA CREF, CALPERS y las pensiones de los sindicatos han registrado pérdidas de entre el 23 al 30% desde el mes de enero y han venido mostrando un crecimiento negativo a lo largo de los últimos cinco años. Se ha puesto de manifiesto que vincular los fondos de pensiones con los mercados de valores no ha servido más que para reducir gravemente los niveles de vida de los jubilados, obligando a muchos de ellos a seguir como fuerza laboral hasta los setenta o más años si no quieren hundirse en la pobreza. Las pensiones vinculadas con actividades productivas financiadas públicamente habrían evitado las pérdidas y riesgos implícitos en las inversiones en el mercado bursátil.

Las decisiones estratégicas bipartidistas de convertir EEUU en una economía de “servicios” en oposición a una economía manufacturera diversificada es la causa-raíz del colapso del sistema financiero estadounidense y de la aparición de una recesión a largo plazo. Desde los años sesenta en adelante, la elite política ha venido adoptando una serie de políticas que promovieron las finanzas, las compañías inmobiliarias y de seguros, lo que se conoce como sectores FIRE, que se dedicaron a aumentar los alquileres, desviar subsidios, proporcionar concesiones fiscales y subsidios, destruyendo y desplazando a la industria. La reconversión de una economía FIRE en una economía manufacturera equilibrada y la recuperación del estado del bienestar, esenciales para revertir el colapso de la economía estadounidense, requerirán de una importante convulsión política.

La huida masiva de capital de los sectores productivos a los sectores FIRE fue acompañada de un inmenso crecimiento del capital exterior, haciendo que la economía interna, especialmente volátil y basada en "servicios financieros” de riesgo y consumidores tremendamente endeudados, pasara totalmente a depender de los “servicios”.

La conversión de EEUU de una economía diversificada en una de monocultura “FIRE” aumentó las probabilidades de un colapso general cuando el mercado financiero/inmobiliario se fuera a pique. La recuperación y el crecimiento sostenido sólo pueden producirse con el retorno a una economía diversificada, con la retención del capital huido al extranjero, la inversión a gran escala y largo plazo y los incentivos para los sectores productivos y de servicios sociales.

La búsqueda de la construcción del imperio dirigida por el ejército a expensas de las empresas mixtas y de los acuerdos de comercio recíproco con países con mercados en expansión, fuentes energéticas estratégicas y grandes poblaciones y mercados, crearon enormes déficit presupuestarios y comerciales y alienaron fuentes potenciales de mercados y materias primas estratégicas.

Mil billones de gastos militares en pos de guerras coloniales prolongadas y de altísimo coste (infinito), desviaron los fondos de su aplicación en avances tecnológicos y manufacturas caras y de gran calidad, que habrían abaratado costes y aumentado la competición mercantil. Igual importancia tuvo que, al sustituir la expansión interior dirigida por el mercado por la conquista exterior dirigida por el ejército, todo el eje del poder económico se trasladara del capital industrial al capital financiero. Así, el capital financiero necesario para financiar el déficit presupuestario del gobierno, originado por los gastos militares, fue cada vez adquiriendo más peso: Wall Street sustituyó la correa de acero como eje de poder en Washington.

El ascendiente del militarismo y del capital financiero facilitaron que incrementara su influencia una configuración virulenta del poder que promovía específicamente los intereses hegemónicos regionales de un estado militarista-colonial que hasta entonces había sido un lobby político marginal: la configuración del poder sionista a favor de Israel (ZPC, por sus siglas en inglés).

Los constructores del imperio dirigido por el ejército vieron en la ZPC un aliado estratégico en su búsqueda de conquistas globales, la ZPC vio una puerta abierta hacia los altos despachos y múltiples oportunidades para promover la agenda expansionista de Israel a través de su influencia en los comités del Congreso, en las campañas electorales y en los nombramiento directos para la Casa Blanca. El incremento de influencia de la ZPC en los escalones más altos del poder vino instigado por el aumento de apoyo financiero que recibieron de miembros situados en posiciones estratégicas en las instituciones financieras más lucrativas. La ZPC fue un beneficiario económico de la burbuja especulativa: fue la infusión masiva de aportaciones financieras lo que permitió que la ZPC ampliara inmensamente el número de funcionarios con dedicación completa, de traficantes de influencias y de contribuyentes a las elecciones que magnificaron su poder, especialmente a la hora de promover las guerras estadounidenses en Oriente Medio, en escorados acuerdos de libre comercio (a favor de Israel) y en el incuestionable apoyo a la agresión israelí contra Líbano, Siria y Palestina. La recuperación económica va a depender de que se ponga fin al presupuesto dedicado al imperialismo militar. Eso no va a suceder a menos que se produzca el reemplazo sistemático de la elite política alimentada a partir de la metafísica del poder global basado en el ejército.

Ninguna recuperación económica es posible ahora o en un previsible futuro mientras el Congreso estadounidense y sus ejecutivos proporcionen rescates financieros por valor de mil billones de dólares a los insolventes especuladores de Wall Street, financien presupuestos de 700.000 millones de dólares para los gastos de una guerra siempre en expansión y los broker del poder sionista sigan dictando las políticas estadounidenses en Oriente Medio.

Las lecciones del pasado nos dicen mucho sobre qué caminos debemos y no debemos tomar.

La Seguridad Social existe aún precisamente porque el pueblo estadounidense se rebeló y desertó de la propuesta de traspasarla a Wall Street y quiso que siguiera siendo un programa dirigido públicamente. El sistema financiero se colapsó porque la economía estadounidense está “especializada” en una única cosecha: la financiera, a expensas de una economía productiva diversificada. El sistema político está totalmente desacreditado porque está dirigido por una elite política fracasada que representa y actúa desvergonzadamente en nombre de unos pocos miles de oligarcas financieros, un par de cientos de oligarcas militaristas y unas cuantas docenas de celosas organizaciones sionistas.

La “elite en el poder” sólo es tan poderosa como parece porque puede manipular, intimidar y engañar a más de 300 millones de ciudadanos estadounidenses haciéndoles pensar que son indispensables para sus vidas. El abrumador rechazo popular a la privatización de la Seguridad Social y al rescate financiero de Wall Street sugiere que la oligarquía reinante no es invencible.

lunes, 6 de octubre de 2008

Lección acelerada de capitalismo

Claudio Katz Rebelión

En Estados Unidos se implementan medidas contradictorias frente al colapso financiero. Predomina la estatización y el aliento de las fusiones, pero también se insinuó permitir la caída de algunos bancos. La nacionalización de hipotecas tóxicas tendrá un costo inédito y no resuelve la insolvencia de los deudores.La recesión norteamericana tiende a globalizarse, la política monetaria europea acentúa el enfriamiento, Japón arrastra su propia depresión y se esfuma la expectativa de un desacople liderado por China.Las analogías iniciales con el crack bursátil (1987) y la burbuja tecnológica (2001) han perdido pertinencia, pero muchas comparaciones con el 30 omiten las diferencias creadas por el intervencionismo estatal y la asociación mundial de capitales y potencias. Ciertas semejanzas con la depresión japonesa son acertadas, pero la referencia de 1975-76 es más útil para graficar el cambio de etapa.La pérdida de autoridad política, las adversidades militares y los desequilibrios económicos limitan la capacidad norteamericana para exportar la crisis. Pero el paradójico refugio en el dólar abre interrogantes sobre su ocaso.La crisis refutó las creencias neoliberales y la teoría de atenuar riesgos con inversiones sofisticadas. Ha ganado primacía un discurso heterodoxo que oculta la articulación de las regulaciones con la ganancia. La especulación es inherente al capitalismo y los banqueros han actuado en sociedad con los industriales.El estallido obedece a una crisis peculiar de sobre-acumulación, asentada en valorizaciones ficticias y el endeudamiento de los asalariados. Expresa el agravamiento de la sobreproducción que genera la contracción salarial y la competencia global. Además confluye con un encarecimiento cíclico de las materias primas, potenciado por la devastación del medio ambiente. Estos procesos agotaron el hiper-consumo norteamericano provisto por Asia y financiado por el resto del mundo.Los países periféricos son candidatos a sufrir los mayores efectos de la conmoción, como lo anticipa la tragedia de África y el brote de hambruna. Es también incierta la continuidad del espacio ganado por las clases dominantes de la semiperiferia. El tsunami financiero ilustra las dramáticas consecuencias del capitalismo e incita a construir una opción socialistaEl terremoto de Wall Street ha desconcertado al establishment global. En la cúspide del poder predomina el pánico y las declaraciones alarmistas. Todos registran la presencia de un acontecimiento que podría inaugurar un cambio de época. La comparación con la caída del muro de Berlín es un indicio de esta dimensión histórica. El temblor actual comenzó a incubarse en junio del año pasado con el desplome de los fondos de cobertura administrados por Bear Stearns y cobró fuerza con la nacionalización del Northern Rock británico. De esta gestación se pasó a un estallido cuya profundidad salta a la vista.MAGNITUD Y COSTOS La rápida conversión de problemas de liquidez en baches de solvencia ilustró desde el principio la enorme dimensión de una crisis, que no logró ser contenida con medidas parciales. La reducción de tasas de interés resultó tan inútil como el intento de formar un fondo de rescate manejado por los bancos. Tampoco sirvió la gran provisión de dinero al mercado o el auxilio de los fondos soberanos del exterior. El gobierno norteamericano ha puesto en práctica varias iniciativas contradictorias para atenuar la explosión. Al permitir el desmoronamiento de Lehman Brothers tentó la posibilidad de una limpieza brutal de los bancos quebrados y sugirió la fijación de ciertos límites al salvataje. Pero como precipitó el terror de los financistas revirtió rápidamente este curso, que le otorgaba a la Reserva Federal plenas atribuciones para dictaminar quién cae y quién se salva. La variante opuesta de estatizar todas las pérdidas se ha consolidado luego de la nacionalización de AIE. El sostén oficial de la mayor aseguradora del mundo (y de su gigantesco portafolio de fondos de pensión) complementó el rescate previo de Fannie Mae y Freddie Mac, que financian la mitad de las viviendas norteamericanas. La contaminación de estas instituciones semipúblicas indicó hasta que punto han quedado desbordados los problemas iniciales con créditos de baja calidad (subprime). Con una nueva secuela de estatatizaciones se auxiliaría a las próximas víctimas del vendaval: los fondos de cobertura y los fondos de capital de riesgo (que operan con títulos altamente especulativos) y los fondos de dinero (que aglutinan inversiones menos audaces y carentes de garantía estatal). Pero el punto crítico son los bancos comerciales. La quiebra de Washington Mutual inauguró un desplome que amenaza extenderse a las 117 entidades minoristas que el FDIC (organismo oficial de garantía) tiene en observación. Algunas estimaciones pronostican un réquiem para la mitad de los 8.500 bancos actuales. En cualquier caso, ya es evidente que la crisis traspasó a los bancos de inversión (que recaudaban dinero directamente en el circuito financiero) y afecta a todo el sistema, con picos de parálisis en las operaciones interbancarias e insinuaciones de corralitos para los depósitos. En este cuadro se está desenvolviendo una vertiginosa oleada de adquisiciones. Merry Lynch fue capturada por Bank of America, Bearn Stearn fue tomada por Morgan Stanley, Wachovia pasó al Citigrup (o Wells Fargo) y Goldman Sachs ha puesto en venta su paquete accionario. Este virulento cambio de manos se extiende a escala internacional con la adquisición del británico HBOS por el Lloys y la absorción de las sucursales de Bradford and Bingley por el Santander español. Algunos compradores (Barclays) se apoderan por moneditas de sus viejos competidores (Lehman) o picotean sus desechos. El resultado de semejante aluvión sería un nivel de concentración bancaria nunca visto. Quiénes sobrevivan a sus apuestas (eventualmente el trío JP Morgan Chase, Bank of America y Citigrup) asumirán el comando de todo el sistema financiero norteamericano. Este nivel de centralización es precedido por una furibunda desvalorización de los capitales en juego, que hasta ahora se procesa dentro de la esfera financiera. Otra opción en curso es la nacionalización de las hipotecas tóxicas, que el Congreso discutió en un clima de chantaje bursátil. Los financistas (presentados como “el mercado”) exigieron el socorro público para permitir que la economía se mantenga en pie (“restaurar la confianza”). Reclamaron al gobierno que adquiera los títulos depreciados para su revalorizarlos y revenderlos. Este rescate se parece al salvataje que obtuvieron los financistas mexicanos en 1995. Allí también el estado compró títulos carentes de valor, limpió los balances de las entidades y comercializó papeles a pura pérdida del fisco. Los especuladores han creado un clima de pánico para que su nueva estafa sea bendecida como un alivio. Pero este descarado auxilio estatal a los responsables del colapso ha desatado una indignación contra los banqueros, que se burlan de sus sacrosantas reglas del libre mercado. Este rechazo a Wall Street –que no se observaba desde la época de Roosveelt- ha obligado a los legisladores ha incorporar ciertas restricciones al cheque en blanco que inicialmente reclamó la FED. Las enmiendas incluyen rebajas impositivas de distinto tipo, para crear la ilusión de una distribución más equitativa de la carga. El generalizado malestar expresa, además, la masiva intuición de un derroche inútil. Si el paso del tiempo confirma que dos tercios de los créditos hipotecarios son totalmente incobrables se habrá dilapidado una montaña de dinero. Es evidente que ninguna ingeniería financiera puede contrarrestar el desplome continuado del precio de las propiedades o el deterioro perdurable del ingreso de sus compradores. Por esta razón el Congreso también auspicia alguna forma de renegociación de las hipotecas entre deudores y bancos con la mediación del estado. Pero sólo un lejano contexto de recuperación económica brindaría algún sostén a esa iniciativa. Por el momento predomina una crisis sin solución a la vista que ha diluido todos principios neoliberales. En un clima de intervención y subsidios, el regulador es bienvenido y el mercado es cuestionado. Pero como el rescate no es gratuito habrá que solventar una operación de costo desconocido. La emisión de títulos sobre títulos ha sido tan sofisticada que nadie sabe calcular cuál es el monto en juego. En julio del 2007 la FED estimaba pérdidas por 50 mil millones de dólares. A principio de año la cifra saltó a 512 mil millones y las evaluaciones actuales giran en torno a uno o dos billones de dólares. ¿Cómo se pagará semejante factura? Las grandes crisis bancarias de las últimas décadas tuvieron costos monumentales para los países subdesarrollados. Involucraron el 55,1 % del PBI de Argentina (1980-87), el 55% de Indonesia (1997-2004) y el 34% de Tailandia (1997-2004). Pero este porcentaje apenas alcanzó el 3,2 % en el último gran rescate financiero de Estados Unidos (1981-91). Por primera vez en décadas la primera potencia deberá afrontar un bache financiero-fiscal de gran escala. IMPACTO RECESIVO GLOBALEl estallido de la crisis ha transformado la desaceleración económica en una recesión manifiesta. El freno ya se percibe en la caída de la inversión, el estancamiento del consumo y la fragilidad de las exportaciones estadounidenses. La discusión entre optimistas y pesimistas sobre el futuro nivel de actividad se ha zanjando con un diagnóstico coincidente de caída del PBI. Ya no hay margen para reactivar con reducciones de tasas de interés, mientras el “desapalancamiento” financiero (asumir pérdidas y limpiar carteras) precipita la contracción del crédito y la escalada deflacionaria. Desde los años 60 todas las recesiones precipitadas por colapsos inmobiliarios han sido particularmente prolongadas. El consumo a crédito que sostiene a la economía norteamericana ha quedado frontalmente afectado y se avecina una crisis social de proporciones. Los deudores desesperados que abandonan sus casas para evitar el remate son las primeras víctimas de esta pesadilla. El desbarajuste inmobiliario amenaza a una población ya irritada por el aumento del precio de la nafta, que avizora el temido desempleo en un país carente de protecciones sociales significativas. En este clima crece la indignación hacia los ejecutivos de Wall Street, cuyos ingresos en las últimas tres décadas saltaron de 40 a 344 veces del promedio laboral. La gravitación internacional de la economía norteamericana determina la acelerada transmisión de su recesión. Sólo Wall Street maneja un volumen de fondos superior al conjunto de las bolsas europeas. Estados Unidos concentra el 20% del PBI global, pero sus importaciones aceitan el comercio global y sus empresas transnacionales definen la tónica productiva de todo el planeta. El salto registrado en la mundialización ha incrementado, además, la sincronización internacional del ciclo económico. La expectativa inicial en un desacople liderado por Europa se ha desvanecido con la secuela de estatizaciones que siguen la huella estadounidense (Fortis de Bélgica-Holanda, Bradford and Bringley de Inglaterra, Glitnik de Islandia). El viejo continente afronta los mismos problemas de créditos incobrables que su par norteamericano, pero implementando una política monetaria dura, que buscó homogenizar en torno al euro las distintas situaciones nacionales. La crisis no sólo ha socavado ese intento y ha dividido a los gobiernos entre partidarios de un fondo general de rescate y promotores de salvatajes a cargo de cada presupuesto nacional. Esta fractura obviamente indica que la salud de los bancos es muy despareja en la región. Todo el intento europeo de sostener el proyecto neoliberal de unificación con altas tasas de interés se encuentra, además, seriamente amenazado por el enfriamiento que impone al nivel de actividad. Por su parte Japón tampoco contrarresta el giro recesivo, ya que arrastra las rémoras de su propia depresión. La economía nipona tiene menos autonomía que Europa para incidir fuera de su estrecho campo de influencia y cuando comenzaba a recuperarse ha chocado con el desplome norteamericano. El papel compensador que se esperaba de China e India se ha diluido, ya que ninguna locomotora puede empujar a un convoy totalmente descarrilado. Se ha discutido mucho si China podía contrarrestar la desaceleración mundial con la expansión de su mercado interno. Algunos economistas resaltaron esa posibilidad y otros la descartaron, recordando la dependencia del crecimiento asiático del mercado norteamericano. Pero el contrapeso chino requería un freno moderado de la actividad en los centros y no la abrupta recesión que se ha desatado. Por eso el anunciado desacople tiende a convertirse en un reacople de Asia a la caída general. COMPARACIONES Muchos analistas buscan en las crisis precedentes una guía sobre el posible devenir del shock actual. Las analogías iniciales con el crack bursátil de 1987 o con el estallido de la burbuja tecnológica del 2001 han quedado totalmente superadas. En ambos casos los activos en juego eran acciones y no viviendas y ninguno de esos temblores desembocó en colapsos bancarios. Sólo precipitaron recesiones de acotadas duración e intensidad, que fueron remontadas por la reactivación del consumo en un plazo relativamente breve. Descartada la semejanza con estos declives de poco alcance se ha impuesto una generalizada comparación con la depresión del 30. Numerosos economistas resaltan los puntos de coincidencia con este clásico antecedente del desplome general. Pero se equipara la eventual profundidad de la caída y no las modalidades de la crisis. Si la intensidad de la regresión productiva y social alcanzará esa magnitud es por el momento una incógnita. Pero la dinámica del proceso en curso presenta numerosas diferencias con el sendero que desató 1929. Las medidas que hace ocho décadas se aplicaron con posterioridad al crack se han implementando actualmente con anticipación. La inyección de liquidez de los últimos meses provocaría horror a Hoover y suscitaría los aplausos de Keynes. En la actualidad también se limita la caída de los bancos y se elude cualquier aumento de las tasas de interés. Habrá que ver si estas medidas atenúan o agravan el desplome económico, pero se desenvuelven en un contexto internacional muy distinto al pasado. En los años 30 no existía el actual entrelazamiento de capitales y tampoco operaba una coordinación entre la FED y los bancos centrales de Europa y Asia. En lugar de una moneda internacional de referencia prevalecía una disputa por heredar la primacía de la libra esterlina y en función de esa aspiración, las grandes potencias devaluaban sus monedas. El escenario proteccionista de áreas comerciales en pugna distaba mucho de la interconexión actualmente impuesta por las empresas transnacionales. La gran depresión derivó en una confrontación bélica entre las principales potencias, que nadie avizora al comienzo del siglo XXI. Un enfrentamiento militar entre Estados Unidos, Europa y Japón es inimaginable. Otra comparación en boga presenta el estancamiento padecido por Japón como un espejo de lo que sucederá en Estados Unidos. Esa economía asiática soportó una burbuja inmobiliaria muy semejante, con precios que se triplicaron (1986-91) y luego se desmoronaron en dos tercios. Pero Japón vaciló en implementar las medidas que Estados Unidos ha instrumentado rápidamente, confirmando la brecha que separa a una potencia subordinada de otra dominante. Además, la economía nipona nunca actuó como locomotora de la economía mundial y al depender de la protección militar norteamericana se remodeló con medidas comerciales y cambiarias (revaluar el yen y abrir su economía), que nadie se atreve a sugerirle a Estados Unidos. Quizás la comparación más adecuada con el desplome actual es lo ocurrido en 1975-76. Esa crisis clausuró una etapa (el boom posguerra) con la misma contundencia que el temblor del 2008 pondría el fin del neoliberalismo pleno (que instauraron Thatcher y Reagan). Tomando en cuenta esta referencia histórica hay que prestar atención a las medidas que expresaron giros significativos. Hace tres décadas estos virajes fueron la inconvertibilidad del dólar (1970) y el aumento de tasas de interés (1978). Seguramente la crisis actual incluirá transformaciones de ese alcance y en poco tiempo sabremos si las medidas que ya se han adoptado, atenúan o exacerban la intensidad de la conmoción. LOS BARÓMETROS Más productivo que adivinar la magnitud futura de la crisis es caracterizar sus tendencias. Estos lineamientos se concentran en las debilidades y los recursos que acumula la primera potencia. Los indicadores de fragilidad norteamericana están a la vista, especialmente en el terreno político. Bush es un cadáver del proyecto neo-conservador socavado por la aventura en Medio Oriente. Esta adversidad militar limita la capacidad del imperialismo norteamericano para transferir la crisis a sus competidores. Pero más significativa es la fulminante pérdida de autoridad presidencial para actuar frente al desplome bancario. No es la cercanía de las elecciones lo que erosionó ese poder, sino la división de la elite estadounidense frente al terremoto de Wall Street. Desde Nixon no se veía un escenario tan volátil. Las debilidades económicas de Estados Unidos son también visibles. Un déficit comercial del 6% del PBI obstruye el giro hacia un modelo exportador, al cabo de tantos años de euforia compradora. El país carga con el mayor pasivo del planeta, tiene el 50 % de sus bonos públicos en manos de extranjeros y se aproxima a un déficit fiscal récord. Pero la otra cara de esta realidad es la capacidad que ha mostrado la Reserva Federal para proteger al dólar y a los Bonos del Tesoro del desbarranque general. Logró hasta ahora monitorear una caída controlada de la divisa norteamericana, preservando el principio de fijar una cotización atractiva para la afluencia de capitales y al mismo tiempo estimulante de las exportaciones. Como ambos niveles son contradictorios, el equilibrio requiere una gran predisposición de los acreedores para convalidar la primacía monetaria estadounidense. Hasta el momento esa subordinación perdura a pesar del colapso económico-financiero. En medio de la caída de Wall Street el vuelo de los capitales hacia la calidad favorece al activo en mayor peligro. Paradójicamente los capitalistas del mundo se refugian en el dólar y sus bonos, es decir en la moneda y en los papeles formalmente más amenazados. Ninguna otra economía podría generar una reacción, que obviamente obedece al rol central de Estados Unidos en la reproducción del capitalismo global. Este protagonismo se asienta en la protección brindada por el Pentágono a todas clases dominantes. Es un resguardo decisivo que modifica todos los patrones convencionales de evaluación del proceso económico. Es importante recordar esta peculiaridad, para evitar el análisis de la economía estadounidense con los mismos parámetros que se juzga a cualquier otro país. El refugio en el dólar también ilustra la creciente internacionalización de los negocios en torno a una moneda, que acapara el 70% del comercio y el 65 % de las reservas mundiales. Al sostener al dólar el grueso de los acreedores del planeta defiende su propio pellejo. Pero resulta difícil imaginar una simple continuidad de esta hegemonía monetaria luego del tsunami registrado en las últimas semanas. Si logra perdurar como reserva global, el dólar deberá adaptarse a las nuevas relaciones de fuerza que emerjan de la crisis. La aceptación de una mayor gravitación de los bancos extranjeros dentro de Estados Unidos (en desmedro de viejas restricciones) podría formar parte de esta adecuación. El traspaso de acciones de Morgan Stanley a China Investment o a Mitsubishi, la venta de Goldman Sachs a Sumitomo Mitsui y la transferencia de las operaciones externas de Lehman a Nomura anticipan esa tendencia. Pero también existe la posibilidad inversa de una ruptura del sistema monetario, que obligue al dólar compartir su señorazgo con otras divisas. En este caso se forjarían áreas monetarias siguiendo el modelo competitivo de entre-guerra. Hasta el momento no existen indicios de esta posibilidad, ya que a diferencia del pasado ninguna potencia pretende erigir su poder aplastando al imperialismo dominante. Pero los candidatos a compartir el poder global no se suicidarán junto al dólar, si el desplome arrastra a esa moneda. Los distintos cursos en juego dependen básicamente de un factor: la magnitud de la crisis. ORTODOXOS Y HETERODOXOS Las interpretaciones de la crisis son más importantes que las descripciones o los pronósticos. Los economistas ortodoxos se han quedado sin argumentos frente a un colapso que desmiente todos sus principios. Mantienen un bajo perfil hasta que amaine la tormenta y encuentren alguna justificación de su aval a la estatización de los bancos. Como la hipocresía neoliberal ha salido a la superficie y sus voceros están desprestigiados, cabe esperar el declive ideológico del pensamiento derechista más influyente de las últimas décadas. Todavía se escuchan voces que explican lo ocurrido por el “descontrol del crédito” y el otorgamiento de “malos préstamos” a “dudosos clientes”. Pero el generalizado impacto de la burbuja inmobiliaria indica que los errores no fueron ocasionales. Los créditos de baja calidad se masificaron por la competencia que libraron los bancos por la colocar bajo el paraguas de una legislación permisiva. El desmoronamiento financiero también refuta la confianza ortodoxa en la protección esperada de los paquetes crediticios sofisticados (“securitizacion”). Cómo ese combo incluía préstamos de variada consistencia imaginaron que la diversificación atenuaría el riesgo. La crisis ha pulverizado esa creencia al generar un típico escenario de sálvese quién pueda. El eclipse de los talibanes del mercado ha colocado a sus rivales de la heterodoxia en el primer plano. Krugman, Stiglitz y Soros no se cansan de repetir su teoría de la crisis por descontrol, atribuyendo la enfermedad a la desregulación y postulando su curación con alguna dosis de supervisiones. Cuestionan el escaso control de las agencias federales, objetan la eliminación de la segmentación bancaria post-30 y proponen medidas gubernamentales para evaluar a las calificadoras de riesgo o controlar el movimiento financiero global. Pero la desregulación no fue un capricho. Se generalizó para recomponer la ganancia y volverá a imperar si afecta agudamente a esa variable. Bajo el capitalismo los controles están articulados en torno a la rentabilidad y se refuerzan o debilitan en función del lucro. Las fantasías reguladoras se inspiran en la presentación de los banqueros como únicos responsables de la crisis. Se supone que actúan al margen de sus colegas de la industria o el agro y que desarrollan un afán especulativo tan perverso como peculiar. Pero apostar a la ganancia rápida en el negocio financiero es un rasgo intrínseco del capitalismo. Proviene de la compulsión competitiva que rige a un sistema caracterizado ciegas rivalidades y periódicas burbujas. Los efectos de estos remolinos permanecen ocultos durante la prosperidad y saltan a la vista en las crisis. Lo novedoso del período actual ha sido el alcance y sofisticación de la acción especulativa. Se introdujeron insólitas formas de empaquetamiento y comercialización de las deudas y en maniobras con papeles derivados, cuya cotización se establece en función de otro activo. También se expandieron la titularización (descarga de carteras mediante la emisión de títulos adquiridos por otros inversores), los CDS (desligar el riesgo crediticio para negociarlo por separado) y los CDO (fragmentar cada tramo de los préstamos en diferente grado de riesgo). Este tipo de operaciones se ampliaron desde el 2001 a un ritmo frenético especialmente entre los bancos de inversión, cuyo apalancamiento (relación entre activos-patrimonio y crédito) alcanzó pavorosas magnitudes. La vieja relación de 1 a 8 entre capital propio y prestado fue ampliada a 25 o 30 veces. La propia dinámica del capitalismo incentivó estas acciones y lo ocurrido en Wall Street ofrece una lección acelerada de este sistema, en su trama de complicidades (Paulson comandando la FED con el auspicio de Goldman Sachs) y contradicciones (Bush nacionalizando bancos). UNA PECULIAR CRISIS DE SOBREACUMULACIÓN En oposición a las simplificaciones heterodoxas resulta conveniente retomar las interpretaciones marxistas, que explican la crisis por las contradicciones intrínsecas del capitalismo. Estos desequilibrios irrumpen periódicamente y no podrán eliminarse, mientras subsista un régimen gobernado por la supremacía del beneficio. ¿Pero cuáles son las singularidades de la crisis actual? La conmoción en curso obedece a varias causas específicas. Expresa, en primer lugar, las tensiones creadas por los capitales sobre-acumulados en los bancos, al cabo de un largo proceso de expansión ficticia de fondos, carentes de contrapartida real en la esfera productiva. Esta atrofia se gestó durante años de apalancamientos y derivados y es un resultado del poder que lograron los financistas. Pero el ascenso de esta elite bancaria a la cúspide del capitalismo apuntaló el proyecto regresivo compartido por todos los opresores. Permitió instaurar la disciplina social que exigían los dominadores, mediante la gestión accionaria de la empresa, la presión por maximizar rentabilidades de corto plazo y el imperio de la Bolsa. Estas transformaciones se implantaron con la explícita finalidad de recomponer las ganancias a costa de los ingresos populares. La supremacía financiera fue un instrumento de la flexibilización laboral y apuntó a garantizar el aumento de la explotación. Esta hegemonía financiera introdujo la bomba de tiempo que estalló en WallStrett. La expansión de las “finanzas personales” convirtió al trabajador en un cliente agobiado por deudas. Los asalariados norteamericanos quedaron aprisionados en una red de compromisos con los bancos para costear sus gastos de vivienda, educación, salud y jubilación. Este castillo comenzó a desmoronarse desde que irrumpió la insolvencia. La imposibilidad de pagar los créditos sub-prime -otorgados a quiénes carecían de ingresos regulares o suficientes para adquirir viviendas- fue el detonante del actual derrumbe. Esta crisis de sobre-acumulación fue pospuesta con refinanciaciones y una montaña de títulos sobre títulos, que ofrecían altos rendimientos. La madeja de emisiones se tornó tan compleja que borró la huella de los propios préstamos, en medio de la generalizada ignorancia crediticia. Ni siquiera los banqueros conocen los contratos en danza, ya que al abandonar las estimaciones tradicionales de riesgo perdieron contacto con sus clientes. Un desplome actual era inexorable frente a semejante valorización ficticia. Lo que nadie imaginó es la terrorífica envergadura que asume el crack, a pesar de las numerosas advertencias que presagiaron el desenlace. Todos los colapsos que sacudieron desde los años 80 a las finanzas latinoamericanas, europeas, japonesas y asiáticas fueron advertencias del vendaval que se preparaba en Wall Street. La señal más explícita fue la quiebra del gran Fondo LTCM en 1998, que operaba con los mismos derivados que han carcomido al sistema financiero norteamericano. Como la apetencia por ganancia no repara en alertas, la crisis de sobre-acumulación finalmente ha llegado al centro del sistema. SOBREPRODUCCIÓN NACIONAL Y GLOBAL Es importante indagar las contradicciones productivas que subyacen bajo el colapso bancario para evitar la fantasmagoría financiera. Esos desequilibrios obedecen a un ciclo de sobreproducción, resultante del periódico desfasaje entre expansión creciente de la producción y restricciones al poder de compra, que caracteriza al capitalismo. La competencia por incrementar la tasa de explotación potenció esta brecha de excedentes. La sobreproducción ha irrumpido abiertamente en el sector de las viviendas, que gravitó en el crecimiento general de la última década. Al compás de los préstamos de alto riesgo y del encarecimiento de los inmuebles se generó el actual exceso de unidades en relación a la demanda solvente. Ciertamente la especulación financiera extremó esta tendencia, pero las burbujas significativas se montan sobre las mercancías más apetecidas de cada momento. La valorización de estos activos despierta una expectativa de lucro creciente, que se desmorona con el cambio de tendencias. La recesión pondrá en evidencia este mismo mecanismo en otros bienes inflados. La sobreproducción actual presenta, además, una gran dimensión internacional, derivada de la competencia neoliberal por bajar salarios. Este esquema incentivó la apertura de fronteras para corporaciones que rivalizaron por multiplicar la producción, en una carrera de bajar de costos que desemboca en plétora de mercancías. Estos sobrantes han sido especialmente alimentados por el polo asiático de fabricación, a través de exportaciones que inundan a mundo favoreciendo la depreciación general. Desde el temblor de Corea del Sur y Tailandia (1997) esta tendencia deflacionaria afecta a numerosos bienes industriales.La sobreproducción es también un resultado de la internacionalización productiva que incentivaron las empresas transnacionales. La aplicación industrial de la microelectrónica y el abaratamiento del transporte y las comunicaciones contribuyeron a multiplicar los excedentes. En la anárquica competencia por reducir costos, ninguna firma tomó en cuenta quién adquiría los nuevos bienes. La batalla por fabricar barato ha desembocado en un desborde de almacenes. Este resultado obedece a estrecho poder de compra que perdura en la periferia y a la inestabilidad del consumo inflado con endeudamiento, que la flexibilización laboral impuso en los países centrales. Estados Unidos es un epicentro extremo de este artificio comprador, asentado en la ampliación del horario laboral y la extensión del trabajo a todos los miembros de la familia. Mientras la clase capitalista mantuvo el optimismo -que desde los años 80 suscitó la recuperación de la tasa de ganancia- estas tensiones permanecieron en segundo plano. Pero el escenario de mercancías excedentes ha salido a la flote, fijando un límite categórico a consumo norteamericano provisto por Asia y financiado por todo el mundo. SUB-PRODUCCIÓN DE MATERIAS PRIMAS Un tercer pilar de la crisis actual ha sido el encarecimiento de las materias primas. La escala del precio del petróleo (que saltó en pocos años de 10 a 120 dólares) afectó a las economías centrales y el repunte de los productos básicos (que en promedio treparon un 114% desde 2002) sacudió a la economía global. Este ascenso revirtió una declinación precedente que se arrastraba desde 1997, pero desbordó la media de estas reacciones cíclicas, tanto en duración como en intensidad alcista. El aumento de las materias primas refleja la escasa inversión en distintas áreas de reproducción de los recursos naturales. Pero fue potenciada por la acción especulativa de los financistas, que buscaron refugio en el petróleo y los alimentos frente a las potenciales pérdidas de otros negocios. Los banqueros introdujeron en el mercado de las materias primas toda la ingeniería de los derivados de Wall Street, hasta convertir la compra de combustible o trigo en una operación de alta sofisticación matemática. Pero en el repunte de las materias primas también ha influido un proceso estructural de devastación del medio ambiente, al cabo de varias décadas de competencia capitalista por el control de los abastecimientos básicos. Esta combinación de tendencias coyunturales, estructurales e históricas generó una presión inflacionaria en los productos primarios, que muchos especialistas estiman más perdurable en los combustibles (pocos descubrimientos, encarecimiento de la extracción y conflictos en las zonas productoras), que en los alimentos. El ciclo alcista confirma que los precios relativos de las materias primas no están sujetos a un deterioro sistemático y secular. Sufren periódicos vaivenes y su encarecimiento adopta bruscas modalidades, debido a la menor sensibilidad que tienen estas mercancías ante al aumento de la productividad en comparación a los productos industriales. La inminente recesión global pondrá un techo a la inflación de las materias primas. Pero habrá que ver si esa caída retrotrae las cotizaciones al piso del ciclo anterior. H asta ahora se verifican indicios a la baja pero no al desplome. En la crisis actual confluyen por lo tanto tres procesos: sub-producción de materias primas, sobre-acumulación financiera y sobreproducción industrial. Este empalme presenta puntos de contacto con lo ocurrido en 1975-76 y tendrá un impacto regional muy desigual. PERIFERIA Y SEMIPERIFERIA Los países periféricos han sido las principales víctimas de la etapa neoliberal y son candidatos a sufrir los peores efectos de la crisis actual. Padecieron los efectos degradantes de la polarización mundial que signó a los años 80 y 90. Ciertas regiones como África quedaron arrasadas por el endeudamiento externo, la liberalización comercial y la fuga de capitales y enfrentan una tragedia de emigración, refugiados y muertos por guerras locales. Otro ejemplo de este impacto es el reciente el brote de hambruna. Como consecuencia de la especulación financiera, la desregulación comercial y la especialización forzada en cultivos comerciales de exportación, el encarecimiento de los alimentos amenaza la subsistencia de 1.300 millones de individuos. Si durante la prosperidad consumista de Estados Unidos las economías esquilmadas del planeta sufrieron un masivo drenaje de recursos, la inminente recesión anticipa mayores sufrimientos. Los países del Tercer Mundo que expulsan a sus desesperados pobladores deberán afrontar nuevas restricciones financieras y mayores adversidades comerciales. El panorama es más contradictorio en la semiperiferia. Un estrato intermedio de países no centrales -con clases dominantes autónomas y juegos propios en el mercado mundial- acotó en los últimos años el alcance de la polarización global. Este grupo de economías se concentra especialmente en China, India, Rusia, Sudáfrica y Brasil. Los capitalistas de estas naciones han lucrado con el encarecimiento de las materias primas y gestaron una actividad industrial propia, en asociación con las empresas trasnacionales. Incluso han forjado “multinacionales emergentes” que operan a escala global.También el cambio del ciclo financiero redujo la carga del endeudamiento externo en varios países medianos. El crecimiento con desigualdad social generó ganancias suficientes para cancelar préstamos externos y por esta razón irrumpieron los fondos soberanos de Asia (o el mundo árabe). La crisis en curso puede prolongar este ascenso semiperiférico, como ocurrió en 1975-82 durante el período de petrodólares, encarecimiento de las materias y derrota norteamericana en Vietnam. Este proceso podría incluso consolidarse, si aparecen formas de crecimiento semejantes a las observadas durante la brecha mundial que sucedió a la crisis del 30. El estancamiento de las economías centrales abrió en esa ocasión un espacio para la industrialización de ciertos países subdesarrollados. Pero la recesión actual también puede precipitar una dinámica opuesta de abrupto corte del avance semiperiférico. En este caso se repetiría lo sucedido en 1982-90, cuándo la ofensiva neoliberal precipitó un desplome de materias primas y una asfixia del endeudamiento, que agobió al grueso del planeta. Es prematuro anticipar cuál de las dos tendencias prevalecerá, o si emergerá alguna combinación de ambas. La fuga de capitales -que ya afecta a Rusia o Brasil- coexiste hasta ahora con la gravitación de los fondos soberanos, que participan del rescate de los bancos norteamericanos y que exigirán alguna retribución por ese auxilio. A diferencia de todas las conmociones financieras de las últimas dos décadas, América Latina es receptora y no generadora de la crisis actual. Pero la desigual dependencia que mantiene cada país con Estados Unidos determina un efecto diferente de la recesión en curso. Mientras que México y Centroamérica se encuentran muy atados a ese epicentro, el Cono Sur mantiene un mayor grado de autonomía. También la transmisión financiera del temblor es despareja entre economías desigualmente atadas a la refinanciación externa. La periferia y semiperiferia interiores de esta región han seguido rumbos divergentes. Pero en lo inmediato se acentuarán las dificultades de intervención del imperialismo norteamericano en su patio trasero. Esta limitación refuerza el margen para implementar políticas económicas de ruptura con los acreedores y nacionalización de los recursos naturales. Estas orientaciones podrían reducir la desigualdad social y beneficiar a las mayorías populares, si se implementan en oposición a las clases dominantes locales. EL SOCIALISMO EN LA MIRA La crisis en curso se dirimirá en plano político. Discutir el alcance de este desplome en términos exclusivamente económicos impide captar lo que está en juego entre las fuerzas en pugna. Sin resaltar la naturaleza capitalista del tsunami financiero no se pueden buscar remedios efectivos para sus consecuencias. La lucha contra el régimen social que origina estas desgracias es la única vía para impedir que los sufrimientos recaigan sobre la mayoría popular. En la batalla por esclarecer el carácter capitalista de la crisis no tiene sentido competir con la prensa en la previsión de mayores colapsos. El pavor que desatan los medios tiende a suscitar más parálisis que indignación. En lugar de presagiar escenarios tenebrosos conviene trabajar en propuestas que abran alternativas populares. Esta actitud se ubica en las antípodas del conformismo o la resignada creencia en la perdurabilidad eterna del capitalismo. Es falso suponer que este sistema saldrá adelante, cualquiera sea la tragedia que imponga al conjunto de la sociedad. Es tan fatalista imaginar la inmutabilidad del capitalismo, como prescindir de acciones y estrategias socialistas para su erradicación. Algunos pensadores de izquierda aceptan formalmente estas premisas, pero argumentan que no es el momento para trabajar en una dirección anticapitalista. Justifican esta actitud en la “ausencia de condiciones favorables” o en el “impacto de las viejas derrotas”. Pero esta postura bloquea cualquier aproximación a las transformaciones políticas e ideológicas en curso. El socialismo no es un himno para las efemérides, ni un sueño de nostálgicos. Es un proyecto para implantar en los momentos críticos y para difundir con vigor, cuando el capitalismo exhibe su rostro más nefasto. La nueva coyuntura se palpa en el abrupto cambio de lenguaje de la prensa. Por desesperación o desconcierto los grandes medios ya no elogian al capitalismo. Con susto y estupor ironizan sobre el “socialismo para ricos” que acompaña al salvataje de los banqueros. Desconocen que el socialismo genuino es la antitesis de ese rescate, al socorrer a los desamparados y penalizar a los acaudalados. En el comienzo de un gran viraje político este sencillo mensaje puede recobrar su vieja popularidad. 4-10-08 BIBLIOGRAFIA -Brenner Robert, “Una crisis devastadora”, Against the Current, n 132, enero-febrero 2008-02-06 -Bryan Dick, “The inventiveness of capital”, 13 Jul 2008, www.workersliberty.org -Caputo Leiva Orlando. “La economía mundial: la crisis inmobiliaria de Estados Unidos”. 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MICHAEL MOORE OPINA ¿SE ACABÓ EL NEOLIBERALISMO?

"Amigos. Déjenme ir al grano. Mientras ustedes leen estas líneas se está llevando a cabo el robo más grande en la historia de este país. Aunque no se están empleando armas, 300 millones de personas fueron tomadas como rehenes. No nos equivoquemos: después de cinco años de robarse medio trillón de dólares para llenar los bolsillos de sus aliados que se enriquecen con la guerra, después de forrar con dinero a los magnates petroleros con 100 mil millones de dólares en los pasados dos años, Bush y sus secuaces que pronto dejarán vacante la Casa Blanca están saqueando todos los dólares que se encuentran del Tesoro de Estados Unidos. Están barriendo con todos los cubiertos de plata que pueden mientras caminan rumbo a la puerta de salida.No importa lo que digan, no importa cuántas palabras empleen para asustarlos; están recurriendo a las viejas triquiñuelas para fomentar el miedo y la confusión para mantenerse a sí mismos y a uno por ciento de la población asquerosamente rica. Sólo basta leer los primeros cuatro párrafosdel reportaje principal del New York Times del pasado lunes para conocer de qué se trata todo este asunto:"Aunque los legisladores trabajaron en los detalles del rescate de la industria financiera por 700 mil millones de dólares, Wall Street volvió a buscar la manera de lucrar con el plan."Las firmas financieras cabildearon para lograr la cobertura de todas las formas de inversiones problemáticas, no sólo las relacionadas con las hipotecas."Al mismo tiempo, las firmas de inversión maniobraron para supervisar todos los activos que el Tesoro planea eliminar de los registros de las instituciones financieras, una actividad que podría generarles cientos de millones de dólares al año en honorarios. Nadie quiere ser excluido de la propuesta del Tesoro para la compra de los activos de mala calidad."Increíble. Wall Street y sus partidarios fueron los artífices de este desorden y ahora pretenden limpiarlo como viles bandidos. Hasta Rudy Giuliani está haciendo cabildeo con su consultoría para ser contratado (recibir sueldo) y brindar asesoría en el rescate.El problema es que nadie sabe en verdad a qué se debe este "colapso". Aun el secretario del Tesoro, Paulson, admitió ignorar la cantidad exacta que se requiere (¡se le ocurrió de la nada la cifra de 700 mil millones!) El director de la oficina de presupuestos del Congreso afirma que no podíaentenderlo ni explicarlo.No obstante, dicen histéricos que ¡el final está cerca! ¡Pánico! ¡Recesión!¡La Gran Depresión! ¡Y2K! ¡La gripe aviar! ¡Abejas asesinas! ¡Debemos aprobar la ley del rescate hoy mismo! ¡El cielo se está cayendo! ¡El cielo se está cayendo!¿Cayéndosele a quién? No hay NADA en este paquete de "rescate" que baje el precio de la gasolina que debemos cargar en nuestros vehículos para ir al trabajo. NADA en esta iniciativa nos protegerá de perder nuestro hogar. NADA en esta iniciativa nos dará un seguro médico.¿Seguro médico? Mike, ¿por qué hablas sobre ese tema? ¿Qué tiene que ver con el colapso de Wall Street? Tiene mucho que ver. El supuesto "colapso" fue desencadenado por la moratoria y la pérdida de hogares de la gente con deudas hipotecarias. ¿Saben por qué tantos estadunidenses están perdiendo sus hogares? Los republicanos explicarían que se debe a que muchos idiotasde la clase trabajadora recibieron hipotecas que en realidad no podían pagar. Pero la verdad es ésta: la razón número uno por la cual la gente se declara en bancarrota es por el costo de sus cuentas médicas. Déjenme ponerlo de forma más simple: si tuviéramos un sistema universal de salud,esta crisis hipotecaria jamás habría sucedido.El objetivo de este rescate es proteger la obscena acumulación de riqueza que ha sido amasada en los ocho años anteriores. Es para proteger a los accionistas que poseen y controlan a las corporaciones en Estados Unidos. Es para asegurarse que sus yates y mansiones y su "forma de vida" no sean interrumpidos mientras el resto de los estadunidenses sufren y luchan para pagar las cuentas. Dejemos que los ricos sufran al menos una vez. Que paguen el costo del rescate. Estamos gastando 400 millones de dólares al día en la guerra de Irak. ¡Que acaben de una vez con la guerra y nos ahorraremos otro medio trillón de dólares!Están protagonizando un golpe de Estado financiero en contra de nuestro país.Esperan que el Congreso actúe rápido para evitar que piensen, antes de que tengamos la oportunidad de detenerlos. Así que dejen de leer esto y hagan algo ¡YA! Pueden poner manos a la obra de manera inmediata: 1. Llamen o envíen un correo al senador Barack Obama. Díganle que no necesita sentarse a ayudar a Bush y a Cheney y todo el desastre que han provocado. Díganle quetiene la inteligencia para detener el ritmo de los acontecimientos y encontrar cuál es el mejor camino a escoger. (…)". Ejemplo a seguir ¿o no?

domingo, 3 de agosto de 2008

¿Economía de revolución?

Por: Leonardo Boff (*)

En las negociaciones de la ronda de Doha sobre comercio internacional se ha notado algo cruel. Mientras los países ricos se negaban a disminuir los subsidios agrícolas y a modificar otros renglones de la agenda comercial para preservar su alto nivel de consumo, otros luchaban, desesperadamente, para garantizar la supervivencia de sus pueblos. La visión de los países opulentos es miope, pues ya está instalada la crisis alimentaria, posiblemente de larga duración, que puede afectarlos a ellos, pero mucho más a millones y millones de personas, que se enfrentan no a la pobreza sino directamente a la muerte.
Ya han estallado revueltas de hambrientos en cuarenta países sin que la prensa empresarial, comprometida con el orden imperante, haya hecho referencia alguna. Los hambrientos siempre dan miedo.La crisis alimentaria, asociada a los trastornos provenientes de los cambios climáticos, es de tal envergadura que nos está permitido hablar de la urgencia de una revolución.
Ésta fue la palabra usada el día 2 de febrero de 2007 en París por el ex-presidente francés Chirac al oír los resultados alarmantes sobre el calentamiento planetario. Advertía que, ante la situación actual, debemos tomar la palabra revolución en su sentido más literal. Es urgente hacer cambios radicales en las formas de producción y de consumo si queremos salvarnos y preservar la vida en nuestro Planeta.
Esta vez no podemos hacer economía de revolución. Hay que llevarla a cabo ya ahora.
Evidentemente no se trata de revolución en el sentido de utilizar la violencia, sino con el sentido que le dio nuestro historiador Caio PradoJunior: «transformaciones capaces de estructurar la vida de todo un sistema social de manera que se corresponda con las necesidades más profundas y generales de sus poblaciones, algo que confiere un nuevo rumbo a las vidas humanas».
Pues eso es lo que se está imponiendo a nivel mundial. La Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la mayoría de los gobiernos han implantado un tipo de industrialización de la agricultura con la liberalización de los mercados que se rigen por la competición y por la especulación, que han acabado por afectar a la soberanía alimentaria de la mayoría de los países del mundo. Es una ilusión pensar que los que han producido la crisis, tienen la llave de su solución.
Ellos proponen más de lo mismo:más producción, más fertilizantes, más productos genéticamente modificados, más mercado no para saciar el hambre sino para hacer más dinero. Ninguno piensa en colocar más dinero en las manos de los hambrientos para que puedan comprar comida y sobrevivir. Pueden morir de hambre delante de una mesa repleta a la cual no tienen acceso.La solución se encuentra en las manos de aquellos que en el mundo entero garantizan gran parte del suministro alimentario: la agricultura familiar y las pequeñas cooperativas populares.
La agricultura familiar en Brasil representa el 70% de los alimentos que llegan a la mesa. Es responsable del 67% del fríjol, del 89% de la mandioca, del 70% de los pollos, del 60% de los cerdos, del 56% de los lácteos, del 69% de la lechuga y del 75% de la cebolla. Estos pequeños agricultores, articulados entre sí y también a nivel internacional, deben formular las políticas de producción, privilegiar los mercados locales y regionales, y mantener bajo vigilancia los mercados mundiales, para inhibir la especulación e impedir la formación de oligopolios.Este tipo de agricultura aprovecha los conocimientos ancestrales, sabe preservar los suelos y enriquecer su fertilidad con nutrientes naturales. Brasil, al lado del agronegocio, tiene que privilegiar la agricultura familiar, pues ella tiene condiciones para garantizar nuestra soberanía alimentaria y ser la mesa puesta para el hambre del mundo entero.

(*) Leonardo Boff es teólogo.
Fuente: www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=287